Wednesday, July 24, 2024

Laceiba de Ramón Muchacho el 24 de julio

 EN: Recibido por email

Saludos,

Edición elaborada por el Consejo Editorial de Laceiba.


El cuentacuentos

Maduro dice que es el único candidato que tiene el apoyo de los militares. Votos no tiene pero, según el, fusiles sí.

La incoherencia es tal que, “desenfunda” un fusil, que además no es suyo, después de haber hecho oraciones y plegarias en cadena nacional. Cómo olvidar aquella escena donde, rodeado de pastores evangélicos, pidió perdón y se “reconvirtió”.

En un mismo día puede hacer motopiruetas y luego contar cuentos a empresarios, insultar a candidatos y luego lanzar gestos de seducción a inversionistas, en los que promete un paraíso en la ruina que convirtió a Venezuela.

La realidad es que no habrá crecimiento económico, ni gobernabilidad duradera, con alguien que pasa fácilmente de la oración a las balas. Que convoca a elecciones y dispara a los pies del resto de los corredores.

Todo el mundo sabe cómo se comen los cuentos de Maduro y cuánto duran. A estas alturas, el que se engañe es porque quiere.


Chantaje

Estamos ante un obsceno chantaje: con un dedo en el gatillo, Maduro quiere que los venezolanos abandonen su deseo de cambio.

Quizás hay que recordarle a Maduro que, a los efectos de una elección presidencial, lo importante es el veredicto del pueblo en las urnas.  O, lo que es lo mismo, el baño de votos, ése que amablemente le roncó el brasileño Lula, seguido por un mensaje similar que le envió ayer el camarada argentino Alberto Fernández.

A estas alturas, la amargura de Maduro es porque el baño de votos lo tiene Edmundo. Y una vez electo, Edmundo tendrá el respaldo institucional de la Fuerza Armada, como corresponde según sus responsabilidades en la Constitución vigente.

Eso también lo sabe Maduro. Por eso hace todo tipo de marramucias, como el apagón informativo y el bloqueo a los testigos, para impedir que esos votos lleguen a donde tienen que llegar y se cuenten como deben ser contados. Porque, como dice su amigo Fernández, “…el que pierde, pierde. Punto. Se terminó”.


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