Tuesday, November 28, 2017

Nelson Garrido ETERNAMENTE CENSURADO, por José Pulido

Usted ve a Nelson Garrido por primera vez y le resulta imposible adivinar qué es lo que hace, a qué se dedica. Es un caballero de voz serena, de gestos amables. Su cara es como una estampa de silencio: siempre está concentrado, ensimismado. Le gusta escuchar a los demás un largo rato antes de pronunciar palabras. Tiene un kaki de ingeniero, un ácido de químico, una mirada desconcertante de sacerdote jesuita. Es algo parecido a todo eso.
Usted agarra una tarjeta telefónica y si la mira detenidamente, el baile, el personaje, la obra de arte, la artesanía que aparecen allí, son fotografías de Garrido. Lo mismo ocurre con muchos libros publicados sobre la cultura popular o con la revista Bigott, de la Fundación Bigott: la estética impactante de esas fotos lleva el estilo y la firma de Nelson Garrido. Ante esas imágenes, la gente deja escapar el mismo comentario, que suena festivo como un corcho de champaña: ¡eso es una belleza¡
Con las obras de arte, que son un lenguaje estructurado a partir de su fotografía, la reacción es distinta. Hay quien aparta la vista y disimula para no comprometerse, pero la mayoría de los espectadores pierde el piso, se desestabiliza, como si hubiese estallado un cohetón en sus pies.
Nelson es un artista completo y complejo: obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas con las otras fotografías, con el otro yo de su cámara, con sus obras cargadas de conceptos y de mensajes irreverentes y extremos.
No es exagerado afirmar que a Nelson Garrido hay quienes lo aplauden y lo alaban por sus fotos cotidianas y hay quienes lo censuran, detestan y odian, debido a sus obras de arte. No es una persona maligna o destructiva y sin embargo inspira rechazo, porque evidentemente sabe poner el dedo en las llagas de los tabúes. Nombra la soga en la casa del ahorcado y se niega a separar lo religioso de lo erótico.
No solamente lo han censurado aquí, que es su país y donde la censura no es tan extraña: también ha sido censurado en los países de primer mundo, que tanto alarde hacen de tolerancia y comprensión democrática. Nelson Garrido es un censurado natural, se la pasan corriéndolo del paraíso. Y él regresa desnudo para que lo vuelvan a botar.

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