Basta mirar en torno nuestro para tener la certeza de que pronto la pesadilla llegará a su final. Y que al despertar, ¡aleluya!, el dinosaurio no seguirá allí donde ha estado desde hace años. ¿O no?
En este punto crucial de nuestra historia, la convicción que se impone dentro y fuera del país es que vivir en Venezuela bajo las condiciones actuales pasa necesariamente por aceptar que, a pesar de todo lo que hacemos para eludirla, la muerte, individual y colectiva de los venezolanos, nos aguarda a la vuelta de la esquina. Y aunque bien sabemos que nadie se muere la víspera, también sabemos que haga el régimen lo que haga para impedirlo, la presidencia de Nicolás Maduro tiene los días contados.
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