No hay que darle muchas vueltas al asunto: la reelección de Maduro es empujar el carromato de la historia hacia un precipicio. Si bien esto es evidente, no se puede olvidar que mucha gente de buenas intenciones (¿?) se siente en la necesidad de votar por el candidato del desastre; habría entonces que preguntarse a qué se debe esta suerte de suicidio político tan inexplicable.
Algunos analistas interpretan esta nociva tendencia a un impulso básico de los seres humanos de inclinarse a la satisfacción de sus necesidades prioritarias de vida. Puede ser, ¿por qué no? Pero la historia no obedece a cuestiones que se enmarcan en la vida diaria, no se rige por la simpleza de la miseria de lo cotidiano, mucho menos atiene las esperanzas y objetivos a una ilusión de tener acceso a simples bienes y servicios que, por lo general, nunca resultan satisfechos ni se corresponden con las promesas demagógicas de sus precarios líderes.
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