Tuesday, April 10, 2018

“Mataron a Gaitán”, por Leandro Area Pereira

No hay agua sin sed. De vez en cuando aparece la figura de Jorge Eliécer Gaitán por las calles de América Latina. A veces vivo, a veces muerto, a veces como olvido. Asesinado por un loco o una conjura yace proscrito en un billete de mil pesos en el que reza, tal epitafio, una de sus frases lapidarias: “Yo no soy un hombre, soy un pueblo. El pueblo es superior a sus dirigentes”. Resucita y vuelve a morir.
Para 1948 se había convertido en el más importante dirigente, del hoy venido a menos, Partido Liberal Colombiano. Era caudillo de inmenso poder sobre la masa urbana de su natal Bogotá, bella, friolenta y lloviznosa. Su asesinato fue vivido cual trágica frustración que trajo consigo un mar de violencia que aún dura y que cambió la historia de Colombia como él no lo hubiera deseado. A los sucesos que ocurrieron seguidamente se les conoce con el nombre de “El Bogotazo”. No hay inferencia histórica entre uno y otro, aunque sí relación secuencial.

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