Tuesday, June 26, 2018

Ángel Lombardi Boscan: La desgraciada acción de Carabobo (1821)

Nadie debe ser divinizado…
Albert Einstein


“No permitáis que la ambición se burle del esfuerzo útil de ellos / De sus sencillas alegrías y oscuro destino; / Ni que la grandeza escuche, cono desdeñosa sonrisa / los cortos y sencillos hechos de los pobres. / El alarde de la heráldica, la pompa del poder y todo el esplendor, toda la abundancia que da, / espera igual que lo hace la hora inevitable. Los senderos de la gloria no conducen sino a la tumba”.
Thomas Gray (1716 – 1771)
Todas las esperanzas realistas quedaron puestas en la renovación del armisticio. Volver a comenzar las hostilidades significaba enfrentar a un enemigo que estaba muy activo en todos los frentes y con una moral en el triunfo elevada. Todo lo contrario sucedía entre los realistas, cansados y disminuidos y sin la fe en las capacidades militares y de liderazgo de La Torre que tuvo que enfrentar numerosos conatos de insubordinación de parte de algunos de sus más importantes subalternos como Morales. Pero lo que condenó a los realistas a una derrota anunciada fue una vez más la indiferencia con que la Metrópoli trató el asunto de la pacificación de América a partir del año 1820. Frustradas las conversaciones de paz los liberales se desatendieron por completo de La Torre y otros jefes realistas. La guerra en América iba a terminar como comenzó: un asunto entre los propios americanos; unos favorables de romper con España y otros queriendo mantenerse dentro de los límites de la Monarquía. La tesis que expuso Vallenilla Lanz en las primeras décadas del siglo XX sobre la Independencia como conflicto autárquico no podía corroborarse mejor hasta en el mismo desenlace.

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