La credibilidad de Nicolás y la confianza en las medidas que anunció anoche pudo medirse este sábado en la cantidad de locales cerrados y de gente tratando de abastecerse en los que encontraba abiertos. El sistema de pagos electrónicos osciló entre plataformas caídas y otras ralentizadas, por lo que todos debieron invertir mucho tiempo para transformar en productos el dinero del que disponían: cualquier cosa vale más que un bolívar. Las fervientes discusiones en redes se dividieron entre la inaplicabilidad de lo anunciado y la calificación de lo anunciado como medidas políticas y no económicas, pero afuera, la incertidumbre sobre lo que vendrá, cobró dimensiones 3D. Aún con ingenuidad, muchos entienden que pocas empresas podrán pagar un salario mínimo de 180 millones de bolívares fuertes, por lo que el tema más recurrente en las colas que hice fue: ¿a cuántos irán a despedir el martes?
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