Sin pecar de ingenuidad creo que el régimen que aún gobierna Venezuela ha sufrido dos de sus más grandes golpes. El primero, la estampida de los militares, el abandono de la obligación de proteger a su presidente ante la amenaza no materializada de una explosión; y el segundo, la confesión de Juan Requesens en claro estado de pérdida de conciencia, actuando bajo el efecto de las drogas, es decir sin ser doblegado, sin que renegara racionalmente de su compromiso moral con el país. Si a él debieron darle alguna sustancia para que “confesara” es sencillamente porque no pudieron obligarlo a declarar desde la integridad de su ser. Por ello, los hombres abyectos que lo mantienen prisionero recurren a la mayor perversión, drogarlo para anular su conciencia y hacerlo actuar a su gusto, traicionar su compromiso con el país. El padre de Juan Requesens por eso señaló: “Ese no es mi hijo”, y tiene razón, no es Juan hablando desde su fuero interior, es algo así como una voz apoderada de su imagen física. Asombra la miseria humana de Jorge Rodríguez anunciando al país que su prisionero confesó. Este “psiquiatra” sabe muy bien que Requesens nunca confesó, que exhibieron una figura, un espectro bajo los efectos de drogas.....
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