La catástrofe invade, permea, corrompe y destruye el resto de tejido social que sobrevive. Todo parece valer. Los de allá roban a placer, matan, persiguen y encarcelan. Muchos de los de acá un día son insurrectos y plantean la salida de Maduro y al día siguiente son devotos del voto, porque –según– lo único que saben/pueden hacer es votar.
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