Cifras alarmantes invaden nuestra diaria realidad en Venezuela, mientras constatamos con hechos en nuestra cotidianidad, que el impacto de esas cifras es de lejos aún más demoledor en la vida real que en la amarillista distancia de los 280 caracteres en la que nos sumergimos con obstinada frecuencia.
Somos testigos, protagonistas y víctimas de una situación muy compleja, pues poco importa desde donde se haga la aproximación a la solución de un problema, siempre viene y salta otro aún más dramático y de mayor impacto que hace que el anterior luzca como algo insignificante. Y es que el análisis de la diversidad de factores de la crisis que hiciéramos hace apenas poco más de dos meses, ya de por si dramática, queda minimizado frente al resultado de la aceleración de las circunstancias y de la eterna omisión de quienes están llamados a conducirnos a superar este trance, lo cual nos permite sospechar con justa causa, que dicha omisión e ignorancia es más que deliberada.
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