En esencia, se trata de países donde el poder político está en manos de estas franquicias, denominadas partidos, que les han arrebatado ese poder a los ciudadanos que dicen representar.
Las oligarquías de partidos tienen protocolos propios que son trasladados a los organismos internacionales en los que participan, como la OEA, por ejemplo. La retórica ambigua y banal es parte de estos protocolos. Una retórica inspirada en una corrección política que no define ni resuelve nada, sino que solo busca complacer intereses y agendas contradictorios. También lo son esos mecanismos de falsos consensos que, al intentar quedar bien con todo el mundo, solo producen decisiones incoherentes y absurdas.
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