Friday, January 9, 2026

Editorial El Nacional: Delcy y la causa de la “agresión”

 EN: https://www.elnacional.com/2026/01/delcy-y-la-causa-de-la-agresion/

Delcy Rodríguez, encargada de la presidencia en sustitución del ilegítimo mandatario Nicolás Maduro -aunque no por esa situación de ilegitimidad- sostiene que el parlamento de 2015 estaba al servicio de poderes extranjeros y que tal condición abonó el camino para la “agresión” del 3 de enero. Una agresión en la que Rodríguez, al igual que su hermano, evita identificar al agresor. Será por aquello de que no se nombra la soga en la casa del ahorcado.

La de Rodríguez es una explicación jalada por los cabellos. La elección del parlamento de 2015 fue un rotundo triunfo de la oposición democrática, que puso en evidencia que el chavismo, y su variante madurista, habían perdido el apoyo popular. Un respaldo que ya mostraba síntomas de hastío hacia el verbo y la gestión de los pretendidos revolucionarios desde la última elección presidencial de Hugo Chávez en 2012. Entonces, por primera vez, aunque ganó, redujo su porcentaje de votos, mientras subía el porcentaje de la oposición. 

Lo que resulta cierto es que desde hace más de una década el régimen manipula con descaro los procesos eleccionarios. Ha usado al Tribunal Supremo para inhabilitar partidos y líderes políticos, para intentar legitimar despropósitos como la Constituyente de 2017 -cuyo objetivo fue desconocer la Asamblea Nacional de 2015- , y para consagrar el fraude electoral de 2025, entre otros desafueros.

No está Delcy Rodríguez en una situación en la que pueda pasar por alto la realidad política del país. Lo que ocurrió el 3 de enero, que nunca debió ocurrir, se gestó en el desconocimiento de la elección presidencial del 28J. Quienes abonaron para una incursión militar del tipo que presenciamos fueron los hombres -y mujeres, como Delcy Rodríguez- que son la cabeza del régimen que manda en contra de la voluntad popular en nuestro país. 

Desataron una represión desmedida e inhumana, con más de 2.000 encarcelados, a los que Maduro, burlesco, prometió meter en “Tocorón”, y se negaron a negociar su salida del poder a pesar de disponer de seis meses para hacerlo, entre julio de 2024 y enero de 2025. Luego, cuando Trump ordenó el despliegue militar en el Caribe desde agosto del año pasado, rechazaron acordar su alejamiento del poder y arrastraron de manera irresponsable al país a una situación explosiva y de impredecibles consecuencias. 

Ahora estamos en un momento tan incierto como antes del 3 de enero. Desconocemos cuánto durará este nuevo período que entraña el peligro de la continuación de un “madurismo sin Maduro”, sin que se resuelva la contienda política venezolana y se produzca el relevo en el poder de acuerdo con la voluntad expresada el 28J de 2024, o cuándo será convocada esa voluntad para que se vuelva a expresar y sea definitivamente respetada. 

La situación que vivimos es insólita e irónica. Los líderes de una “supuesta revolución” que ha malgastado un cuarto de siglo descalificando, burlándose y desafiando al poder “imperial” de Estados Unidos, están obligados a gestionar el país siguiendo las órdenes que emanen de Washington. Han preferido “entenderse” con el “vil” enemigo antes que hacerlo con la oposición venezolana que los derrotó en la elección del 28J. 

Aunque los hermanos Rodríguez y también Diosdado Cabello evitan mencionar a Donald Trump, pretenden usar el manifiesto interés del presidente de Estados Unidos por el petróleo venezolano, para desvirtuar la legitimidad de la lucha de los venezolanos por la democracia. Como si el régimen no fuera responsable de la represión, del exilio, de la destrucción física e institucional del país, de las muertes en las calles y en las cárceles.

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