EN: https://www.elnacional.com/2026/01/el-infierno-en-la-tierra/
Los presos políticos excarcelados no pueden contar lo que vivieron tras las rejas del régimen. Están sueltos, pero no liberados. El castigo continúa fuera del presidio. Aún para los extranjeros, como los que arribaron a su país de nacimiento, España, a los que se les habría recordado en el propio aeropuerto de Barajas, por autoridades españolas, que lo prudente es callar. ¿Cómo obtener otra "gracia" del régimen si alzamos la voz? Es en ese terreno del secretismo, donde José Luis Rodríguez Zapatero se mueve como un peso pluma. La verdad puede esperar para los defensores de la "memoria histórica".
Camilo Pierre Castro, profesor de yoga, de nacionalidad francesa, fue apresado el 26 de junio de 2025 cuando se presentó en el puesto fronterizo de Paraguachón, con la intención de renovar su visado de residencia colombiano. Fue excarcelado el 16 de noviembre. Apenas 143 días después, tiempo corto en las condenas de hecho que impone la tiranía venezolana. Le alcanzó para ver casi todo. Y para contarlo esta semana pasada en una entrevista con la emisora colombiana Blu Radio.
Por Castro se movió con rapidez Amnistía Internacional, el ministerio de Asuntos Exteriores de Francia y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que le concedió medidas cautelares -de las que protegen, no las "bolivarianas"- a principios de octubre del año pasado.
Antes de su excarcelación, previa a esta ola posterior a la incursión militar de Estados Unidos del 3 de enero, Castro fue obligado a firmar una serie de papeles, de lo que no se llevó copia, además de aceptar las condiciones de no hablar de las instalaciones donde estuvo encarcelado y, en cualquier caso, donde fue tratado “bien”. Castro está incumpliendo, por fortuna, esas "instrucciones" y tras llegar a Francia se ha puesto en contacto con agencias de las Naciones Unidas. "Yo tengo la suerte de que no estoy en territorio venezolano", precisa.
Este profesor francés fue trasladado a El Rodeo I. Compartió presidio con algunos de los excarcelados el pasado 8 de enero. Cuando le preguntan porque lo detuvieron, responde que "por ninguna razón…porque era francés, es una detención arbitraria". Cuenta que 15 días después de su encarcelamiento fue cuando empezaron a armar e inflar las acusaciones -espionaje, terrorismo- en los propios pasillos de la prisión y en medio de la noche. Cuando regresaba a su celda y le contaba a otros presos de su proceso le dijeron que a ellos les ocurrió exactamente igual. "Fuimos secuestrados, aislados, privados de defensa y víctimas de falsos positivos", declara.
Castro ocupaba una celda de 2 x 4 metros junto con otro reo. Una parte del espacio era un hueco que hacía de letrina donde hacían sus necesidades, había una manguera para ducharse. La letrina estaba poblada de bacterias y olía mal las 24 horas del día, tan mal que se les hacía imposible tragar la comida y le provocaban vómitos. La letrina se desbordaba cada semana y hasta varias veces a la semana y las heces y los orines circulaban por la celda. Le daban, en ocasiones, una toalla para limpiar el desastre, sin guantes y sin detergentes. Dormían sobre unas estructuras de cemento, los más sortarios tenían colchones, pero no sábanas ni cobijas. "Lo que teníamos de posesión era un vaso de plástico, jabón y papel higiénico", recuerda.
Pero aún peor era la tortura sicológica a los que sometían a los presos. "Todos los desplazamientos que teníamos que hacer era con capuchas y esposas, jugaban con nosotros, nos humillaban, nos dejaban afuera en los patios, encapuchados bajo el sol durante varias horas, gente se desmayaba, se reían de nosotros…", cuenta Castro. La idea -reflexiona- era deshumanizarlos y hacerlos sentirse "chiquiticos" frente a la estructura carcelaria. "El Rodeo I es el infierno en la tierra", remata.
Esto es apenas una mínima parte de lo que el régimen no quiere que los excarcelados cuenten. Esto es tan solo el asomo del rostro fétido y tenebroso de la injusticia a la que someten a venezolanos y a extranjeros en nombre del poder.
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