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Saludos,
De la misma manera como no sabemos cuánto es la producción petrolera venezolana, ni cuánto la inflación, ni cuánto la deuda pública, tampoco sabemos con exactitud cuántos presos políticos quedan aún en las cárceles de la dictadura.
Existen listas elaboradas por distintas organizaciones y con diferentes metodologías, pero la cifra negra va creciendo con los días, a medida que se van revelando casos que estaban fuera del radar de las organizaciones de derechos humanos, principalmente porque los familiares habían optado por no denunciar.
Un patrón que resalta al repasar algunas reseñas biográficas de quienes han sido encarcelados por razones políticas es que representan el más diverso espectro de la sociedad venezolana: periodistas, dirigentes de partidos de todas las tendencias, líderes vecinales, amas de casa, deportistas, artistas, empresarios, influencers, maestros, sindicalistas. Ningún sector se ha salvado de sufrir su cuota en el horror.
Las excarcelaciones hasta ayer pasaban apenas de las 200. Excarcelaciones, no liberaciones: la gran mayoría sigue sometida a múltiples restricciones y con causas penales abiertas. Aún así, cada excarcelación es una victoria, y las más recientes han sido correspondidas de celebraciones conmovedoras en distintos rincones del país.
Pero los nuevos casos que se han identificado (porque hasta ahora no se tenía el menor conocimiento de ellos), para que comprendan la magnitud del horror, superan también los 200 según las estimaciones de las últimas horas.
Esta versión kafkiana de la puerta giratoria, donde salen unos libres y descubrimos que hay más personas presas, ratifica la necesidad de ser inflexibles en las demandas de liberación de los presos políticos: todos deben salir, sin excepción.
Hay que romper el dique. Hay que seguir insistiendo.
Que sea una buena semana para todos.
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