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Saludos,
2+2=4
Atemos cabos:
El Cartel de los Soles ha sido designado como organización terrorista. Maduro es señalado por la administración estadounidense como la máxima autoridad de ese cartel.
Washington aumenta los recursos disponibles para el Comando Sur y ordena el despliegue de 4.000 efectivos en el Caribe, con buques, helicópteros y aviones.
Y para colmo, Trump no logra todavía un acuerdo con Putin sobre Ucrania…
¿Cómo se llama la obra?
Se lo dejamos a nuestros lectores: pongan ustedes el título. Lo que está claro es que no se llama “Aquí no ha pasado nada” ni mucho menos “Entendámonos con Maduro, que es lo que hay, por el bien de los venezolanos”.
Y aunque las señales no pueden ser ignoradas, tampoco deben hacernos sentir que el mandado ya está hecho. Olvidémonos del “Eso está listo”. La presión internacional y las condiciones geopolíticas favorables ayudan, pero no sustituyen la tarea que sigue esperándonos: organizar la fuerza necesaria para que, en cualquier escenario, la libertad no sea una consecuencia azarosa sino el resultado de nuestras propias acciones.
Sigamos con las matemáticas.
Pam Bondi habla de 700 millones incautados en Estados Unidos.
Transparencia Venezuela
documenta casi 4.000 millones recuperados en 20 países.
Es difícil sacar la cuenta de cuánta plata se robaron, pero sin duda excede largamente lo incautado hasta ahora en bienes, cuentas y propiedades vinculadas a la corrupción venezolana.
Cada incautación es apenas una ventana al tamaño real del saqueo: lo que vemos es solo la punta de un iceberg que esconde fortunas en paraísos fiscales, a nombre de testaferros y en redes financieras que se extienden, paradójicamente, a cada rincón del planeta donde han ido a parar venezolanos, huyendo de la crisis causada por el socialismo y la corrupción, esos siameses inseparables.
Edición elaborada por el Consejo Editorial de Laceiba.
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