Sunday, January 4, 2026

Laceiba de Ramón Muchacho el 4 de enero

 EN: Recibido por email

Saludos,

La transición comenzó en Venezuela.

Una transición es el paso de un estado a otro. No ocurre por decreto ni espontáneamente, sino como un proceso donde conviven, de manera inestable y cambiante, elementos del orden que se extingue y del que aspira a nacer. Con la extracción de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, ese proceso ha comenzado en Venezuela. No es el final de la historia, pero sí el comienzo de la transición.

Toda transición exige algo incómodo: entenderse, aunque sea de manera provisional, con componentes del sistema que se busca superar. No hay tránsito limpio ni quirúrgico. Hay zonas grises, solapamientos y herencias indeseadas. Pretender una transición sin fricciones, sin contradicciones o sin actores provenientes del viejo orden no es una posición moralmente superior sino una negación de la realidad política.

Conviene además reconocer un hecho sin rodeos: los venezolanos hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance. Organizamos, resistimos, votamos, documentamos, denunciamos y perseveramos. Pero el acto que marca el punto de quiebre y da inicio a la transición requirió apoyo externo. Como dicen por ahí: fuimos con carro prestado. Eso no invalida la lucha previa ni desmerece el esfuerzo acumulado; simplemente evidencia que la correlación de fuerzas hacía indispensable ese respaldo.

Lo que se abre ahora es el tramo más complejo del camino. La transición no es un estado de reposo, sino de máxima exigencia. Nada está garantizado. Los riesgos son reales y cualquier error muy costoso. Por eso este momento demanda más lucidez, más vigilancia y más responsabilidad política que nunca. La transición empezó; sostenerla y conducirla dependerá, en buena medida, de que sepamos estar a la altura de esa complejidad.

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