La caprichosa Irma nos ha dejado algunas certezas. La primera de ellas tiene que ver con ese puente de tragedia que unió a Cuba y Florida durante estos complejos días de vientos, inundaciones y cortes de suministro eléctrico. La naturaleza conectó lo que la política ha separado durante décadas.En los pequeños pueblos cubanos, cuando muchas familias no sabían si sobrevivirían a esa madrugada de domingo, un sinnúmero de pensamientos fueron para sus parientes en Miami, que esperaban la llegada del huracán. Lo mismo ocurrió en dirección contraria. La ínsula y la península latieron juntas, sufrieron en sincronía y compartieron la desgracia.
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