Monday, July 30, 2018

Estoy en el rincón de una cantina..., por Ernesto Diezmartínez

Aunque es sabido que el cine sonoro mexicano se inauguró oficialmente con la segunda versión de Santa (Moreno, 1931) protagonizada por Lupita Tovar, la llamada Época de Oro del cine nacional inició cinco años después con la comedia ranchera Allá en el Rancho Grande (1936), el inopinado éxito taquillero continental dirigido por Fernando de Fuentes.

Estas dos películas provocaron el nacimiento de dos de los géneros más populares de la Época de Oro: por un lado, los melodramas cabaretiles y de mujeres “perdidas”, que terminaría transformándose, años después, en el cine de rumberas; y por el otro, las comedias campiranas con enredos a pasto y uno o varios charros cantarines como protagonistas. Los dos géneros compartirían espacios similares: el cabaret o el burdel en el primer caso; la cantina, en el otro. En los dos no faltaría, por supuesto, el trago ni, mucho menos, sus consumidores: los borrachos.
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