Friday, October 24, 2025

La Ceiba de Ramón Muchacho el 24 de octubre

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Saludos

Edición elaborada por el Consejo Editorial de Laceiba.


Teatro para incautos

Hemos visto a Maduro esta semana, cual fanfarrón, regodearse con cinco mil misiles rusos para, según él, garantizar la tranquilidad del pueblo venezolano, el mismo que ¡vaya ironía!, no tiene cómo comprar la cesta básica con el miserable salario mínimo que el régimen le abona en “patria”, en un contexto altamente inflacionario y asfixiante.

Ayer Maduro volvió a amenazar con que los “Igla están listos para disparar”. Lo dice como si hablara desde un búnker, pero todos sabemos que habla desde el teatro.

Los Igla son misiles portátiles de corto alcance, útiles solo si están integrados a un sistema de defensa aérea coherente, con radares, mando y entrenamiento. En Venezuela no hay nada de eso. Lo que hay son depósitos húmedos, equipos vencidos y generales que se disfrazan de estrategas mientras reparten contratos.

El grito de “misiles rusos” no busca disuadir a nadie afuera; busca intimidar a los de adentro. Es propaganda para mantener viva la ilusión de poder en un ejército que hace años dejó de ser una fuerza y se volvió un decorado.

Maduro amenaza con chatarra. Pero el mensaje es claro: no dispara cohetes, dispara miedo.


En corto…

  • Lo más importante, y lo que calló la canciller colombiana, es que el gobierno petrista está dispuesto a concederle el asilo a Maduro “si así lo pidiera”.

  • Y esto lo decimos porque, si Maduro habla de huelga de la clase obrera hasta “retomar el poder”… es porque se ve perdiéndolo.

  • ¿Acaso no dice tener el control absoluto del país? Pero, además: ¿cuál clase obrera? si la destruyó al convertir el salario mínimo en un chiste.

  • En todo caso, una huelga de los pocos que votaron por él sería imperceptible ante los millones de venezolanos gustosos de meterle pecho y espalda a este país en libertad y con la democracia restablecida. En pocas palabras, volvería a ser humillado y derrotado como el 28 de julio de 2024. Así que: ¡dale que no viene carro!

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