Con asombro, al final de mi vida veo la repetición exacta de una película vista en mi juventud. Me doy cuenta que los venezolanos no inventan nada nuevo, repiten los mismos gestos, errores y desaciertos que marcaron a toda Europa oriental en la segunda mitad del siglo XX. Allí está todo, absolutamente igual: los errores de la oposición, la huida al exilio, las ayudas familiares para los que quedaron bajo el comunismo y la subordinación de los militares al dictador de turno. Veo que en tantos años nada ha cambiado y todo es predecible, porque la oposición sigue ciegamente un guión escrito hace un siglo, siempre el mismo, siempre asombrosamente efectivo.
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