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Saludos,
Edición elaborada por el Consejo Editorial de Laceiba.
Curules mágicos
Mientras 927 presos políticos languidecen en celdas infectas; mientras la hija de Edmundo González clama por una fe de vida de su esposo; y mientras Rory Branker cumple más de 100 días de desaparición forzada; Maduro reparte curules a los “opositores” que bailan al ritmo que el régimen les toca.
Números que no cuadran, leyes reinterpretadas a conveniencia, y curules repartidos entre los socios: ese es el verdadero resultado del 25M.
Ni Capriles, ni Rosales, ni ninguno de los políticos y opinadores que llamaron a votar se ha dignado a exigir la publicación de los resultados electorales. Incluso fueron más allá y decidieron esconder sus actas y conteos internos. Todo con tal de complacer al régimen y no contradecirlo en nada.
¿Para eso fue que nos invitaron a votar? ¿Para eso nos invitaron a participar en la farsa? ¿En serio?
Menos mal que el pueblo fue sabio y los puso a todos, Maduro y sus cómplices, en su lugar, dejándolos “más solos que la una”.
Una reunión sin pudor ni transparencia
Andrés Caleca lo explicó muy bien. El método D’Hondt no fue utilizado. Fue a dedazo limpio.
Los nombres de los favorecidos —González, Guanipa, Falcón, Pérez, Correa— no son casualidad: son parte del reparto de fichas útil al régimen.
¿Curules como premio a la “colaboración”? ¿Diputaciones como pago a la obediencia? ¿Sillas parlamentarias como herramienta de chantaje político? Todo eso y más se desprende del reporte de La Gran Aldea. Lo llamaron “la reunión sin pudor ni transparencia”. Y es cierto. Fue una transacción, no una elección.
“elector activo”
El CNE, además, se inventó el concepto de “elector activo”, sin respaldo en la ley, para inflar cifras de participación. ¿Qué sigue? ¿Votantes imaginarios? ¿Mesas virtuales? ¿Actas redactadas con ChatGPT?
No nos equivoquemos: los “curules mágicos” no son errores técnicos ni torpezas administrativas. Son estrategias de control. Son parte del mismo modelo que persigue, desaparece, adjudica y reprime.
Afortunadamente aquí nadie se confunde. Todos tenemos clara la diferencia entre participación real y simulacro. Entre voto y trueque. Entre libertad y sumisión. Entre coraje y pusilanimidad.
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