Sunday, June 8, 2025

Laceiba de Ramón Muchacho el 8 de junio

 EN: Recibido por email

Saludos,

El atentado contra Miguel Uribe, precandidato presidencial colombiano, es un hecho que debe conmover y alarmar a toda la región. No hay matices posibles: silenciar una voz política mediante las armas hiere la democracia en su corazón más profundo.

Desde La Ceiba, expresamos nuestra solidaridad con él, con su familia y con todos los colombianos. No quisiéramos concluir que lo ocurrido ayer marcará un retroceso hacia épocas que se pensaban superadas, pero sin duda hay señales alarmantes.

Solemos reducir la violencia política a homicidios o atentados, excluyendo de ella la que se ejerce desde el Estado contra ciudadanos indefensos.

Desde esta tribuna afirmamos que Venezuela ha sufrido violencia política a gran escala, disfrazada de legalidad. El Estado de derecho es hoy una mueca, y miles de exiliados, presos, asesinados y desaparecidos lo confirman.

Que te lleven preso y pasen días, semanas y meses sin que tus familiares sepan a ciencia cierta a dónde te llevaron, es una forma atroz de violencia política. Que hayan pulverizado el salario y las pensiones, como lo han hecho en Venezuela, es un despojo de los más violentos que cabe imaginar. Que muchos hoy no puedan regresar y estén forzosamente separados de sus familiares es también una forma de violencia, ejercida día a día, sin piedad y de manera continuada por un grupito que carece de toda legitimidad.

Condenar la violencia más visible —la del disparo, la del atentado— es, en cierto modo, lo más fácil. La otra, la que se disfraza de institucionalidad, es más difícil de encuadrar como tal porque se normaliza, llegando incluso a ser aceptada como inevitable por sus propias víctimas.

Pero ambas son violencia.

Edición elaborada por el Consejo Editorial de Laceiba.

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