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Saludos,
Edición elaborada por el Consejo Editorial de Laceiba.
El dedo en la llaga
Asesino, dictador, asaltante de elecciones.
Eso fue lo que, en resúmen, dijo ayer el presidente Gabriel Boric sobre Maduro, durante un acto en Roma. Sin ambigüedades, sin disimulos, señaló a la dictadura venezolana al referirse al teniente Ronald Ojeda, secuestrado, torturado y asesinado en Chile, país donde se encontraba refugiado por causa de la persecución madurista.
El comentario de Boric es de alta significación: lo hizo durante un homenaje al ex ministro de Estado, Bernardo Leighton, quien, en 1975, fue víctima de un atentado en Italia por parte de la policía secreta de Pinochet.
Es imposible olvidar casos emblemáticos como los de Orlando Letelier y el general Carlos Prats, asesinados en Washington y Buenos Aires, respectivamente, por los tentáculos de la dictadura militar chilena en el extranjero.
Por lo visto, el régimen de Maduro también ha usado tentáculos asesinos, en Chile y en Colombia, donde ha echado mano de la represión transnacional para ir contra sus víctimas.
Sin embargo, hay una diferencia: en Chile no tiene alcahuetas como sí los tiene en Colombia, donde Petro le sirve asquerosa y diligentemente.
Y a propósito de Petro (y de Sánchez/España y Sheinbaum/México), quizás (solo quizás), estos hayan reparado en lo dicho ayer por el mismo Boric…
“Es importante decir desde la izquierda que no podemos perder de vista que los desvíos autoritarios pueden estar a la orden del día en cualquier lado, y que la defensa de la democracia tiene que ser sin dobles estándares y que la defensa de los derechos humanos es siempre”.
¡Al que le caiga!
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