Sunday, October 8, 2017

Cataluña: Pasión o razón, por Alejandro Sabal Bermúdez

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Octubre 3, 2017
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Me gustaría llegar al fondo de la cuestión de lo que está ocurriendo. Creo que es importante, porque ahora mismo en política solo se habla de los hechos puntuales de grupos radicales y de la equívoca actuación policial del 1 de octubre.
Primero, lo más importante es reafirmar que en Cataluña no ha habido desde el comienzo de la democracia ningún tipo de represión cultural ni lingüística. En Cataluña conviven libremente las lenguas española y catalana, la última con mucho más peso aún en el ámbito público—aunque el castellano sea la lengua mayoritaria en el ámbito familiar (Centre d’Estudis d’Opinió). Las festividades más celebradas en Barcelona son La Diada, La Mercè y Sant Jordi, todas exclusivamente catalanas. No hay ninguna escuela pública en Cataluña donde la lengua vehicular no sea el catalán, bajo el sistema de inmersión lingüística. Los plenos en el Parlament se hacen en catalán, aunque los diputados de Ciudadanos y el Partido Popular habitualmente hacen uso de su derecho a intervenir en castellano. Creo que esto es importante subrayarlo, puesto que muchas veces se dice por parte de los independentistas que dentro del Estado la lengua y cultura catalanas “están en peligro” para legitimar acciones unilaterales.
¿Entonces de qué se quejan los nacionalistas? Posiblemente, su única queja con fundamento sea económica. Y es que Cataluña paga muchos más impuestos al Estado de los que recibe en forma de financiación e inversión. No obstante, esto se debe a un sistema de financiación mal diseñado que no solo afecta a Cataluña, sino también a otras comunidades autónomas como la Comunidad Valenciana. Ahora bien, ¿este legítimo reclamo justifica el movimiento nacionalista en Cataluña? Seamos claros. A pesar del fallido sistema de financiación, Cataluña tiene algunos de los mejores servicios sociales en España: desde los mejores hospitales públicos a las mejores escuelas, universidades y centros de investigación pioneros a nivel europeo. Además, si esta fuera realmente su preocupación, harían huelgas para presionar al Estado o presionarían como lo hacen otras comunidades autónomas. ¿Entonces de qué se quejan los nacionalistas?
La única opción posible es que en el fondo éste sea un movimiento puramente identitario, una cuestión de orgullo nacional (o tribal). La constante alusión a símbolos, al “pueblo” y el constante uso del himno els Segadors lo demuestran. Muchos os habréis reído de la primera parte de mi artículo porque diréis: “ya es muy tarde, ahora estamos en otra etapa”. Lo triste es que es cierto. Contra las emociones es muy difícil convencer y dialogar. Convencer a un nacionalista de renunciar a un
referéndum que liquida nuestra Constitución—es decir, nuestra convivencia—es casi tan difícil como convencer a un católico de renunciar a su fe.
He aquí mi reflexión. ¿Estas emociones y esta fe legitiman acciones unilaterales contra un Estado aconfesional y cuya constitución defiende los derechos individuales y sociales de las personas? Por ejemplo, si en Cataluña llegase a haber una mayoría musulmana en Girona—algo no irreal ante los cambios demográficos que estamos viviendo en Europa —¿sería legítimo que Girona declarase su “derecho a decidir” por cuestiones nacionales/culturales para independizarse del resto de Cataluña y España? Yo tengo la convicción de que ese derecho no existe. Nuestra Constitución (es decir, nuestra convivencia) permite a quienquiera practicar cuales sean sus creencias y expresar sus emociones. Eso sí, con un límite: ¡aceptar la convivencia! Pues lo mismo en Cataluña.
En España, da igual si te sientes más catalán que español, más español que gallego, más marroquí que español o si no sientes ninguna nación. Lo que no se puede hacer es imponer estas identidades a los demás porque estamos en el siglo XXI. Y, repito, no se puede, aunque tu identidad sea 99% mayoritaria en la sociedad. El Estado de derecho se impone, aunque tenga que ser por la fuerza (¿por algo tiene el Estado el monopolio de la fuerza, ¿o no?).
Lo que estamos viviendo ahora mismo, esta tensión insoportable, este odio innecesario, es culpa principalmente de los líderes independentistas que han querido romper la convivencia de las personas calentando la calle y actuando unilateralmente. También es culpa del Gobierno central por negarse a proponer una solución política dentro de la ley. Eso sí, ante el chantaje de referéndum sí o sí, no se ha de ceder. Europa no tiene que ceder ante los que pervierten la palabra “democracia” con el único fin de robarnos la España plural y democrática. La democracia se basa en defender los derechos de los ciudadanos, no en entender o interpretar los sueños y emociones de una parte de ellos.
Espero que publicar esto no haya sido en vano. Ahora, a calmarse y a trabajar.

Alejandro Sabal Bermúdez. (Caracas, 1997) Próximo a graduarse en Econometría por la London School of Economics and Political Science. Reside en Barcelona, España.

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