En el boxeo hay dos estrategias para ganar. La más directa y peligrosa consiste en arremeter con frenesí y de manera violenta contra el oponente, desde el mismo inicio del primer round, hasta tirarlo a la lona y sacarlo rápidamente de la contienda. Esa fue la que siguió Rocky Marciano durante su carrera profesional. La alternativa más cauta, inteligente y menos riesgosa se lleva a cabo combatiendo a distancia, buscando el momento oportuno para conectar el golpe preciso y contundente, minando a lo largo de varios rounds la fuerza y capacidad de movimiento del adversario, hasta que recibe los golpes certeros que lo transportan, por la vía del nocaut, al sueño amargo de la derrota. Mohamed Ali fue el gran artífice del segundo método.
Esta última táctica es,
mutatis mutandis, la que ejecuta el sector democrático venezolano –representado en la MUD– en el combate que se lleva a cabo en contra de la dictadura que nos agobia. No se trata, entonces, porque no están dadas las condiciones, de arremeter y vencer de una sola vez a un contendor que siempre pelea sucio y además cuenta con la simpatía y afecto del réferi electoral y las fuerzas del orden (FAN).
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