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Julio Tupac Cabello
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Muro del autor
Mayo 5, 2017
A todos nos cuesta concentrarnos en el trabajo, y en cada ocasión que
lo logramos, regresamos rápido a los acontecimientos, como si el
trabajo fuera el break y Venezuela lo que verdaderamente importa.
Y no nos pasa sólo a los venezolanos. En Actualidad 1040, la emisora
informativa líder en el espectro radial mayamense (con todos los
acentos, como dice su emblema), hay análisis desde las 6 am sobre lo
que acontece en el país. Esta mañana entrevistaban a Pastrana y a los
líderes estudiantiles. Y cada día tienen a la Profesora Colomina
haciendo un resumen de las jornadas.
Todas las noches Jaime Bayly se las dedica a Venezuela. Imágenes,
comentarios propios, noticias, información y el invitado es
venezolano. Bayly habla de Venezuela como si fuese un transeúnte
de toda la vida de nuestra geografía. Lo mismo habla de Chacao que
de Sabaneta. Maneja fechas y personajes, desde Teodoro hasta
Leopoldo, desde Gómez hasta Carlos Andrés Pérez, pasando por la
familia Chávez, la herencia maldita del chavismo y los personajes del
ex chavismo ahora opositor.
El Nuevo Herald tiene a Venezuela en su portada a diario. Las notas
incluyen agencias de noticias, entrevistas, investigaciones propias y
videos. En Univisión y en Telemundo dedican muchos minutos en
pantalla y muchas historias en la web, para que el tema venezolano
tenga el calor que se merece.
Desde aquí, Venezuela luce como un fuego peligroso que a
momentos parece arrasará con la maleza, pero que de cuando en
cuando es amenazado por la crueldad del desierto.
Es un país más acompañado que nunca. Pero como siempre son las
paradojas, tiene un dolor que lo hace sentir más solo que nunca. Y
eso a la distancia, se multiplica.
El resto de los cohabitantes nos preguntan día a día en esta extraña
ciudad de extranjeros, cómo está todo, aunque estén tan enterados
como nosotros. Pero es muy difícil explicarles que ha sido cuesta
arriba dormir o que sonreír es imposible, luego de conocer la muerte
de uno, dos, tres, diez, treinta jóvenes venezolanos por las más
miserables causas.
Somos como el país. Tenemos solidaridad, pero estamos solos.
A primera hora, en todas partes, los grupos resumen lo que pasó ayer
y comentan sobre los planes de hoy. No hay nadie en este tiempo
que no me haya dicho que lo que le gustaría es estar allá,
contribuyendo en cada marcha, formando parte de esta dolorosa,
violenta y sangrienta, pero valerosa gesta heroica que trata de parir un
nuevo episodio de la Historia del país.
Hay siempre alguien en la mañana que escuchó a César Miguel
Rondón. Comentamos a Luis Carlos Díaz. Analizamos a los que dan
un paso, Ortega, Dudamel, el hijo de Tarek, expresamos rabia,
comprensión. Nos pasamos noticias o fotos o caricaturas que nos
dibujan afuera o adentro. Lo jodidamente valiente que nuestra gente
es. El horror inimaginable en el que se ha convertido la tiranía.
Los desaparecidos, las torturas, los presos. En estos días es tan raro
estar aquí. Somos como zombis. Hablamos con nuestros familiares y
tenemos tanta información como ellos de lo que sucede. Pero ellos la
padecen en carne viva.
Hoy, en una videoconferencia que tuve con unas colegas en México,
la reunión terminó con la oferta de una de mis compañeras para
hacer una compra médica que se me está haciendo difícil. Es inédita
esa posición en que nos encontramos los venezolanos, en la que
parecemos ser vistos con solidaridad y misericordia por nuestro
prójimo.
Llega la noche y está a la espera Conclusiones, que ya casi podría
tener de slogan: el show de cnn en español para hablar sobre
Venezuela. Allí desfilan Almagro, Fox, personeros de la dictadura,
intelectuales, escritores, activistas, exiliados, para hablar de la historia
en curso que aparece todos los días en las calles del país.
En las madrugadas es frecuente tener sueños de todo tipo que
ocurren en Caracas. Sueños hermosos que expresan deseos,
pesadillas que son el resultado de la angustia por las noticias,
insomnios, sobresaltos.
Y siempre con culpa, pero inevitablemente, mientras los llevo a la
escuela, les cuento a mis hijos lo que está pasando en el país. Aunque
me duela enfrentarlos a realidades tan dolorosas siéndoles ajenas, lo
último que quisiera es que al crecer se convirtieran en individuos
indiferentes frente al dolor humano y la injusticia, deseando que, por
el contrario, entiendan que siempre debe un individuo saber lo que
es su derecho y su deber, y ejercerlos a plenitud.
De pronto me pregunto si las autopistas, las longitudes interminables
y el sol incandescente de Miami no serán más bien préstamos que
Caracas le ha hecho a esta milagrosa ciudad de encuentros entre
foráneos que Miami es.
Y recuerdo entonces que no, que es al revés. Que es Miami la que ha
prestado su tierra para que muchos como nosotros, de Venezuela y
otros países, hayan alquilado un pedazo de su vida, en vista de las
circunstancias.
Así y todo, es fácil confundirse. Los choferes de Uber comentan a
Venezuela como si en lugar de la Palmetto cruzaran la Cota Mil.
No dejamos de verlos. Ni dejaremos.
Julio Tupac Cabello (Caracas, 1975). Licenciado en
Comunicación Social por la Universidad Central de
Venezuela. Escritor. Guionista de televisión y especialista en
desarrollo de ficciones. Premios en diversos concursos para
escritores jóvenes. Reside en Florida, USA.
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