Thursday, April 6, 2017

Aglaya Kinzbruner: Democracia de cartón

EN:
Aglaya Kinzbruner

En un pequeño pueblo en el mero centro de un país, un verdulero se prendió fuego porque la policía local corrupta de, no le dejó trabajar. Inventaron que no tenía permiso para colocar la carreta, la báscula y las verduras así al borde de la acera. Ya antes le habían informado que no necesitaba de ningún permiso. Le secuestraron todo, carreta, báscula y verduras o, más bien, le robaron todo.
Cuando fue a protestar, no le recibieron. Si no me dejan trabajar, me voy a morir de hambre, se dijo. Para eso, me muero de una vez y se roció con gasolina y prendió un fósforo. Pudo pasar en Venezuela pero pasó en Túnez. Se llamaba Mohamed Bouazizi.
No hubo quién le sacara una foto con un celular, pero igual se volvió icónico. Fue tanta la indignación que desató una serie de protestas que más tarde se llamaron Primavera Árabe. Sin embargo, Túnez es hoy en día el único país árabe que vive en democracia.
En Venezuela, la democracia viste de tanga. Porque cuando la Fiscal General dijo que el Tribunal Supremo de Justicia, vamos a llamarlo así aun cuando no merezca ese nombre, había roto el “hilo constitucional” ¡válgame Dios! La gente se hizo pis de la risa. Porque desde hace tiempo que ese hilo estaba más gastado que tanga de hermosa garota del Brasil.
Nadie o casi, creyó en la sinceridad de la fiscal. ¿Por qué? Los cronistas no somos sesudos analistas políticos. Nos remitimos a los hechos. Y los hechos son que nadie le creyó, se habló de componenda, de pactos, de comedia, de cantinflada para recular cuando en realidad este gobierno cuando recula lo hace hacia delante. Misterios de la anatomía.
Cierto es que las protestas siguen, el país está revuelto desde el Estado Bolívar hasta la capital, no hay comida, no hay medicinas y ahora nos toman el pelo con tanga y todo.
Y no es que antes las cosas hubiesen sido una maravilla. Que vivíamos en Jauja y no lo sabíamos. Ejemplo de esto es esta hermosa canción:
Qué triste se oye la lluvia
En los techos de cartón
Qué triste vive mi gente
En las casas de cartón
Pero, ¿en qué momento febril de la imaginación iba a pensar Alí Primera que hoy en día sería perfectamente normal que los pobres no sólo viviesen en casas de cartón sino que también los bebés ya al nacer, en vez de venir con su arepa debajo del brazo, como en cualquier país petrolero, los fueran a poner en incubadoras de cartón?
¿Iba a imaginarse Alí Primera que, al no disponer de dinero, a los pobres también se los enterrase en urnas de cartón?
Lo que despertó y alarmó a la comunidad nacional e internacional fueron las fotos de unos niños comiendo desperdicios sacados de una bolsa negra de basura. Tan icónica la foto como la inmolación de Mohamed Bouazizi.
¡Qué triste vive mi gente!

No comments:

Post a Comment