Carlos J. Bracho C.
Los venezolanos están hablando y es necesario que el gobierno nacional dedique su tiempo a escuchar y entender el clamor popular, más que concentrarse en reprimir.
Venezuela lleva aproximadamente 24 días consecutivos de protestas que no son más que el clamor de la ciudadanía; que son el vivo ejemplo de un país que se cansó de tanta arbitrariedad, un país que se cansó de mentiras, de la inseguridad, de la inflación, de los asesinatos, de la falta de medicinas y de las despedidas en Maiquetía.
Es impresionante como cada día que transcurre el que parecía estar confundido, desmotivado o, incluso, daba por inacabable la mala gestión, hoy está dedicado a salir a luchar y reclamar lo que por ley es de su pertenencia.
La lucha en las calles ha sido pacífica, los manifestantes han salido con banderas, consignas y la convicción de que sí se puede vivir mejor; sin embargo, la represión desmedida por parte de diferentes organismos del seguridad del Edo. ha generado que la gran mayoría de las movilizaciones terminen con bombas lacrimógenas, perdigones, piedras, muertos, un centenar de heridos y decenas de detenidos.
Llama la atención ver a la fuerza pública reprimiendo desesperadamente a un pueblo que camina en paz, con alegría, con civilismo, exigiendo unos puntos muy claros que todo el país conoce: cronograma electoral, destitución de magistrados del TSJ, apertura del canal humanitario y libertad para los presos políticos. ¿Cuál es el miedo del régimen? ¿Por qué ante unas peticiones lógicas de cualquier ciudadanía que se rige bajo lineamientos democráticos, este gobierno se cierra y responde con represión? Son preguntas que nos hacemos cada día y de las cuales aún esperamos respuesta.
Por otro lado, es sumamente grave cómo la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana están permitiendo que los mal llamados "colectivos de paz" repartan violencia, miedo y caos por todas las ciudades. Observo con preocupación el poder y las acciones que han delegado en las manos de estos grupos paramilitares organizados, los cuales están generando una ola de terror y resentimiento que, si no se detiene a tiempo, podría desencadenar resultados dantescos manchando la historia de Venezuela.
Venezuela lleva aproximadamente 24 días consecutivos de protestas que no son más que el clamor de la ciudadanía; que son el vivo ejemplo de un país que se cansó de tanta arbitrariedad, un país que se cansó de mentiras, de la inseguridad, de la inflación, de los asesinatos, de la falta de medicinas y de las despedidas en Maiquetía.
Es impresionante como cada día que transcurre el que parecía estar confundido, desmotivado o, incluso, daba por inacabable la mala gestión, hoy está dedicado a salir a luchar y reclamar lo que por ley es de su pertenencia.
La lucha en las calles ha sido pacífica, los manifestantes han salido con banderas, consignas y la convicción de que sí se puede vivir mejor; sin embargo, la represión desmedida por parte de diferentes organismos del seguridad del Edo. ha generado que la gran mayoría de las movilizaciones terminen con bombas lacrimógenas, perdigones, piedras, muertos, un centenar de heridos y decenas de detenidos.
Llama la atención ver a la fuerza pública reprimiendo desesperadamente a un pueblo que camina en paz, con alegría, con civilismo, exigiendo unos puntos muy claros que todo el país conoce: cronograma electoral, destitución de magistrados del TSJ, apertura del canal humanitario y libertad para los presos políticos. ¿Cuál es el miedo del régimen? ¿Por qué ante unas peticiones lógicas de cualquier ciudadanía que se rige bajo lineamientos democráticos, este gobierno se cierra y responde con represión? Son preguntas que nos hacemos cada día y de las cuales aún esperamos respuesta.
Por otro lado, es sumamente grave cómo la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana están permitiendo que los mal llamados "colectivos de paz" repartan violencia, miedo y caos por todas las ciudades. Observo con preocupación el poder y las acciones que han delegado en las manos de estos grupos paramilitares organizados, los cuales están generando una ola de terror y resentimiento que, si no se detiene a tiempo, podría desencadenar resultados dantescos manchando la historia de Venezuela.
Algo que también me llama la atención y quisiera destacar en este artículo es el silencio de la Fuerza Armada Nacional ante este tipo de acciones perpetradas por los “colectivos de paz”. Considero, a criterio muy personal, que la FAN debería pronunciarse lo antes posible y poner límites a esta ola de delitos que nos está introduciendo repentinamente en un panorama bastante hostil y que, más allá de representar una lucha política - que siempre se ha mantenido de manera pacífica por parte de los ciudadanos -, se ha convertido en un abierto escenario para el desborde de la represión, del abuso policial, delitos y resentimiento. Piense usted lo grave que es esto y lo mucho que nos afecta como venezolanos, porque así usted sea de la tendencia política que sea, pues, acá ningún venezolano quiere que se le violen sus derechos y que mucho menos se les eche gas, perdigones o se le dispare por llevar una bandera y pensar distinto.
Es importante subrayar que los venezolanos estamos jugando un papel decisivo en la historia de nuestro país, que estamos siendo protagonistas y escritores de una nueva página en el devenir mundial. Hoy, los venezolanos estamos demostrando con firmeza que nuestros derechos se defienden con constancia, con protesta pacífica y con determinación. No somos ni seremos el primer país que ha pasado por este tipo de circunstancias; y si algo me queda claro es que estoy orgulloso de ser venezolano, orgulloso de llevar el Orinoco corriendo por mis venas y El Ávila tatuado en mi corazón.
Sintámonos todos con la plena confianza de que la constancia y la determinación nos traerán un nuevo amanecer, sintámonos protagonistas.
@elcarlosbracho
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