Gustavo Coronel
Luis Vicente León acaba de decir algo, ver:http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=66882,
que es compartido por algunos venezolanos en su legítimo deseo de resolver la crisis del país. Dice León: “la estrategia ganadora [para lograr la solución] es mezclar la subida del costo de reprimir con mecanismos que
permitan reducir costos de salida. Lo otro será guerra".
Lo
que creo entender de lo dicho por León es que la combinación deseable
para generar una solución
al drama venezolano actual es hacerle al régimen más difícil seguir
reprimiendo y, al mismo tiempo, darle al régimen una salida aceptable.
Según León lo primero debe venir acompañado de lo segundo. De lo
contrario, habría guerra.
Creo
que lo que dice León está animado de las mejores intenciones y parece
estar respaldado por procesos
“similares” de transición a la democracia que se han llevado a cabo en
otros países. Pero no estoy de acuerdo. En el caso venezolano, la
acción embrutecedora del chavismo le da una magnitud a la tragedia que
representa un verdadero intento, parcialmente
exitoso, de genocidio cultural, un crimen que no admite negociación
alguna.
Concuerdo
con que al régimen hay que elevarle el costo de la represión. ¿Cómo? Al
menos de dos maneras:
(a), Mediante la presión internacional que no se ha ejercido aún en su
grado posible y deseable; (b), mediante la utilización de formas
creativas de protesta que no le den al narco-régimen excusas para un
escalamiento de la represión.
El
país debe mantenerse de pie y hacerlo saber al régimen y al mundo. Será
preciso diferenciar claramente
entre la violencia producto de la acción ciudadana, la cual es muy
baja, y la violencia inducida por la acción represiva del régimen, la
cual es muy alta. Aceptar que la violencia en las calles, la cual ya ha
aparecido, debe llevarnos a abandonar nuestra protesta
es hacerle el juego al narco-régimen. Eso no lo debemos permitir.
La violencia que existe en Venezuela proviene del narco-régimen. Debemos combatir la propaganda del
mini- Goebels chavista, Ernesto Villegas y de sus asesores cubanos. El
costo de la represión del narco-régimen debe ser elevado a través de la
denuncia ante los organismos
internacionales y pidiendo la urgente intervención internacional, vía
la OEA y la ONU, nunca a través de un retiro de las calles de la
resistencia democrática.
Lo segundo que nos plantea León es aún más crucial, pues va al corazón de nuestra identidad
nacional. Se trata de si debemos, a fin de terminar con esta
pesadilla, hacer concesiones, dar garantías, o hasta hacer un borrón y
cuenta nueva con los gánsteres del régimen. Lo que se entiende es que
debemos darle a los criminales del narco-régimen
un salvoconducto para que se vayan del país a disfrutar de los miles de
millones de dólares que eran de todos los venezolanos. De eso parece
tratarse “la reducción de los costos de la salida del narco-régimen".
Y
en eso hay que trancarse. Eso sería inmoral. El chavismo se ha metido
en sus bolsillos entre $300.000
y $400.000 millones de dinero que era del pueblo venezolano, ha
asesinado a miles de venezolanos, ha perseguido, ha reducido a
centenares de compatriotas a prisión, ha sembrado odio, ha confiscado
propiedades de los venezolanos, ha robado, mentido, se ha reído
y burlado de los venezolanos, los ha reducido a ser un pueblo miserable
sin comida y sin medicinas. Y, ahora, para que la cosa se arregle, hay
que dejarlos ir?
Mil veces no.
El
proceso de ruina material y espiritual venezolana generado por la
acción de la pandilla chavista
en los últimos 18 años, necesita de la acción de la justicia. Porque si
la justicia no funciona, funcionará la venganza. Y mientras la justicia
es un instrumento civilizado, la venganza generalmente no lo es. Lo que
vimos, por ejemplo, como retribución soviética
a la barbarie nazi durante los últimos años del hitlerismo (La invasión
soviética del territorio alemán en los últimos meses de la guerra)
ofrece un modelo de terrible venganza que nadie debe imitar. La manera
de evitar el ojo por ojo es, precisamente, mediante
la acción de la justicia. Con la pandilla chavista no puede haber
arreglos porque ello conduciría a una repetición, en el futuro, de
nuevas variedades de opresión, a la aparición de nuevos chavezuelos
envalentonados por la impunidad de la cual disfrutaron
los anteriores. Quien no castiga promueve el regreso del mal y deja la
basura del crimen, sin barrer, debajo de la alfombra de la democracia.
La
victoria en contra del narco-régimen debe ser convincente, como única
vía para la recuperación
moral de la Nación y de la dignidad de los venezolanos. Que no se diga
jamás que negociamos una salida con la narco-pandilla, invalidando así
el sacrificio de miles de compatriotas, muertos, presos o en el exilio.
Ello sería monstruoso.
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