Sunday, April 22, 2012

Hocico negro de caperucita roja

En: http://www.lapatilla.com/site/2012/04/22/carlos-blanco-hocico-negro-de-caperucita-roja/

Carlos Blanco

Debajo de la roja revolución bolivariana brota una peste negra fascista que el propio proceso chavista ha incubado en su seno. Cuando el país cambie de piel lo que se verá más allá del izquierdismo retórico es fascismo reconcentrado.
La enfermedad de Chávez, su intermitencia, su evaporación y su larga despedida constituyen temas del debate, pero hay otro asunto que se desliza debajo de ese espacio que monopoliza y que poco a poco abandona Chávez. Es una trama no muy discutida que emerge cada vez que el discurso izquierdista de Chávez desaparece; se trata del más puro militarismo reaccionario, arrullado por unos individuos que solían ser “progresistas”, lo cual incluye una cierta intelectualidad corrompida que se llama a sí misma de izquierda para esconder sus compromisos con los pasajes y los viáticos, la buena comida y el ñemeo con automóviles, saraos y billetes.
Lo único de izquierda que ha habido en este proceso ha sido el deseo de Chávez de ser un revolucionario “a lo Fidel” y un grupo de viejos izquierdistas que cuando llegaron a la revolución les dio un vahído ideológico y se acomodaron a una vida a la cual no quieren renunciar. La izquierda socialista o comunista que de verdad lo era, que se negó a corromperse en esta rumba de petrodólares rojos, anda rumiando un discurso sobre las posibilidades que se podrían abrir si se cruzaran las órbitas de Marte y Venus, y si… Es decir, los condicionantes son tantos y tan difíciles para lograr lo que desearían que saben en el fondo de sus conciencias que no ocurrirá nada de lo que soñaron. Mientras, los más jóvenes se organizan en grupos paramilitares para cuando venga la caída del tarantín en cuya construcción no se les requirió su presencia, salvo a uno que otro bandidín con fuca al cinto y dólares debajo de la cama.
La izquierda que le queda a esta cosa es la de Elías Jaua, Nicolás Maduro, Alí Rodríguez que han llegado a adorar más sus cargos que a la revolución, junto a esa otra izquierda que pasó alguna vez por intelectual y que no cree en nada de lo que es y representa el gobierno actual pero se lo goza a media asta. Esos exintelectuales que lanzan reproches genéricos al proceso chavista (con lo que piensan que compran certificados de “críticos”) pero que se suman al coro de imprecaciones contra la oposición para que se sepa en Miraflores que sus críticas no son serias. Falsos críticos mientras tengan su canonjía y sus conexiones para desarrollar adulancias de baja intensidad.
EL ECLIPSE DE CHÁVEZ. Nada de lo anterior es demasiado importante salvo por el tono sepia que adquiere. Aguerridos líderes de otros tiempos hoy cebados en almuerzos y caña oficialistas. Lo verdaderamente importante, lo escandalosamente importante, es que cuando la costra de izquierda cede con la enfermedad del caudillo, aparecen los verdaderos dueños de la fiesta: un grupo de generales activos y de militares retirados, partícipes de diferentes etapas de este bochinche, sin pretensiones ideológicas ni proyecto político pero que quieren quedarse en el poder a cómo dé lugar, en la eventualidad de la emigración a oriente del caudillo o de la imposibilidad física de competir como candidato.
Chávez tuvo que construir una red para hacerse del poder total. Al principio llegó al Ejecutivo pero todo lo demás era un sistema que tenía su propia lógica, generada por años de institucionalidad democrática. No podía hacerse de ese poder total de un solo tajo y trabó una alianza con los empresarios que habían contribuido a su llegada a Miraflores. La casta que arribó al gobierno no tenía ni aviones, ni dólares, ni yates, ni sabía de vinos, de trajes o de glorias, y le vinieron bien las cenas lujosas, las visitas guiadas a los centros comerciales, el turismo VIP y los aeroplanos privados. Ahora sí los tienen y les encantan.
A zancadas, entre sus blitzkriegs institucionales y las derrotas de la oposición, fueron a la conquista de territorios. Se hicieron del poder legislativo, del judicial, del electoral y del llamado ciudadano. Arrasaron luego con gobernaciones y alcaldías; se apropiaron de medios de comunicación; cerraron algunos y amenazaron a otros; usaron los grupos paramilitares para amedrentar y brindar justicia callejera de la maluca, la que llega a la nuca. También hubo que iniciar a los más cercanos en materia de business, allí se forjó la famosa boliburguesía con integrantes poseídos de destinos diversos: unos a la siniestra del caudillo, otros en el exilio y unos cuantos a la cárcel.
El relato anterior muestra lo que se ha hecho visible; sin embargo, para desarrollar el control y las redes necesarias hubo que recurrir a una serie de personajes-bisagra, eso que llaman “operadores” del poder, aquellos que les gusta menos el oropel que una oficina de compras de un ministerio, que se gozan más una comisión de 30% que una remuneración honrada, que usan hasta las mascotas como testaferros. Allí floreció la verdadera estructura de mando, las mafias que controlan el poder real del país, dada la ausencia de las antiguas instituciones y de las nuevas que se quedaron contrahechas y desfiguradas en el camino. El reino de las mafias es la única certeza de la revolución bolivariana.
ARREBATÓN PREVENTIVO. Los que forman parte de esas mafias no quieren entregar el poder bajo ningún concepto. Si está Chávez, bien; pero si no está, planean que el sustituto gane por las malas o las peores; o, si no, quieren alzarse con el santo y la limosna. El país enfrenta una situación riesgosa en la cual los acusados de delincuencia en el ámbito nacional e internacional no se ven en otra posición que en la del poder. Debajo de la manta roja de la revolución se han amamantado estos bichajos que se proponen cogerse el mando con o sin orfebrería institucional. Estas mafias ya descontaron la ausencia de Chávez; trabajan en la transición en forma más concentrada y acelerada que la propia oposición, a la que pueden madrugar si no se avispa.
Hay un proceso fraudulento en marcha, ventajista, abusivo, asimétrico, que puede conducir nuevamente a que la voluntad nacional sea distorsionada. Esa dinámica llevaría a un arrebatón preventivo o a un fraude pos mortem si es que la enfermedad obstaculiza más, o definitivamente impide la participación del caudillo.
A este fascismo perverso, militarista, autoritario, mafioso, es a lo que aquellos izquierdistas del proceso, mañosos y taimados, le han abierto el camino. Los generales se abren paso, a paso de ganso, al poder total; sus botas pisan la alfombra roja tendida por exintelectuales de izquierda, aquellos soñadores que sólo interrumpen su sueño para echarse un viajecito en primera clase.
Los que amasaron poder político y económico se aprestan a cargarse al país completo. Hace rato el relevo y la compleja transición comenzaron. ¿Está preparado? 

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