Víctor Salmerón
0. El origen. El año en que Hugo Chávez alcanzó su última victoria electoral luce hoy como un episodio lejano y extremadamente difícil de recrear. En 2012 las importaciones se dispararon al nivel más elevado desde 1997 y productos de todo tipo colmaron los anaqueles, mientras que abundantes cucharadas de gasto público incrementaron los salarios, la nómina de los ministerios y la contratación de obras, imprimiéndole vigor al consumo. Ningún pronóstico auguraba infortunios, salvo la extrema fragilidad de un modelo sostenido por un ladrillo muy poco confiable: el precio de la cesta petrolera venezolana, que se había cotizado en la cumbre de 103 dólares el barril. Cuando el oro negro detuvo el ascenso y se estabilizó en torno a 95 dólares emergieron las primeras señales de alarma. Luego, cuando a finales de 2014 el crudo inició el declive que hoy lo mantiene por debajo de 50 dólares, no hubo escapatoria y el país ingresó en una crisis económica sin precedentes.
El petróleo provee 96 de cada 100 dólares que ingresan a Venezuela y la falta de suficientes ahorros para enfrentar el descenso del precio del barril desnudó a una economía que en los últimos diez años amplificó la dependencia en las importaciones. El descenso de las compras en el exterior mostró en toda su dimensión la poca producción de las empresas estatizadas, el desmantelamiento de áreas donde el dólar artificialmente barato hizo más rentable importar que producir, el impacto de las regulaciones de precios que desestimularon la inversión y un control de cambio que despilfarró miles de millones de dólares otorgados a empresas de maletín.
La consecuencia es desabastecimiento, largas filas a las puertas de los supermercados, racionamiento, saqueos y una inflación galopante que merma la capacidad de compra del salario. De acuerdo con Datanálisis al cierre de mayo de este año en 95,5 de cada 100 establecimientos no había aceite de maíz y en 83,6 faltaba el café molido, la harina de maíz precocida y la leche en polvo en sobre. En distintas áreas de la industria los inventarios de materia prima se agotan o están en niveles mínimos y empresas emblemáticas como Polar paralizan plantas.
Para evitar que el deterioro se profundice es necesario atender la deuda que tiene el Gobierno con las empresas privadas. Compañías venezolanas obtuvieron lo que se conoce como Autorización de Adquisición de Divisas (AAD) y con este aval, compraron materia prima u otro tipo de requerimientos a proveedores en el exterior. Una vez la mercancía ingresó al país el Gobierno tenía que venderle los dólares a la empresa venezolana para que esta cancelara al proveedor, pero en un número relevante de casos no lo hizo.
El resultado es que una cantidad muy importante de empresas están morosas con sus proveedores y han dejado de recibir insumos y materia prima que son indispensables para operar. Juan Pablo Olalquiaga, presidente de Conindustria, gremio que agrupa a las compañías que generan 90 % de la producción manufacturera, afirma que la deuda asciende a “9 mil 926 millones de dólares cuantificados, pero en la actualización que estamos haciendo aún no hemos sumado la de todos los sectores. Por eso diría que es más de 10 mil millones”.
1. Conindustria propone. En vista de que la parte líquida de las reservas internacionales no supera mil millones de dólares y que los pagos de deuda externa consumirán una porción muy generosa de las divisas a recibir por exportaciones de petróleo en lo que resta de año, luce muy difícil que la administración de Nicolás Maduro aumente el desembolso de divisas al sector privado.
En este entorno Conindustria propone que el Gobierno le entregue bonos en dólares a las empresas para que éstas los utilicen para saldar parte de los compromisos pendientes con los proveedores.
Juan Pablo Olalquiaga explica que el Gobierno podría hacer una emisión de nuevos bonos, lo que tiene la ventaja de que definiría las condiciones del título, o emplear bonos que tiene en cartera.
Hay un detalle importante. Como el mercado observa un alto riesgo en la capacidad de pago del Gobierno, los bonos de la República y de Pdvsa se cotizan con un profundo descuento. Es decir, una vez el proveedor reciba, por ejemplo, un bono de 100 dólares, al venderlo en la Bolsa de Nueva York solo obtendría 60 o 40 dólares, e incluso menos.
“Esto no es una solución definitiva, es una alternativa para que se pueda reanudar en algún grado el despacho de mercancía a Venezuela”, dice Juan Pablo Olalquiaga, y señala que el esquema permitiría que, empresas que entregaron a sus proveedores divisas propias a manera de garantía, paguen una parte de lo que deben y liberen parcial o totalmente estos dólares.
Además se abren distintas alternativas de negociación como que el proveedor utilice el bono como garantía para solicitar un préstamo bancario. Enviaría mercancía por el monto del préstamo y descontaría el pago de intereses. Al vencerse el bono recibiría el dinero correspondiente a 100% del título. Cancelaría al banco y como seguramente habría un remanente, surgiría la posibilidad de un nuevo acuerdo.
La propuesta también incluye legalizar al mercado paralelo. “Un mercado paralelo mucho más ordenado y representativo que el de frontera, que funcione libremente a través de la banca puede ser un sistema para que contratistas petroleros vendan divisas. Para una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas que funcionan con 500 mil dólares al año esto puede ser una alternativa válida. Además si Pdvsa vende en este mercado obtendría más bolívares por sus dólares y el Gobierno podría disminuir la emisión de dinero que acelera la inflación”, dice Juan Pablo Olalquiaga.
Por ahora Conindustria solo ha sostenido conversaciones informales sobre la posibilidad de que se aplique este esquema. Ante la interrogante de qué ocurrirá si en definitiva no hay ningún tipo de solución para la deuda con los proveedores, Juan Pablo Olalquiaga advierte que “tendremos más escasez, más deterioro y más inflación”.
Presionado por la escasez de alimentos, la administración de Nicolás Maduro concentra sus esfuerzos en comprar directamente en el exterior productos como leche, quesos, arroz. La semana pasada anunció que Uruguay enviará 235 mil toneladas de alimentos y negocia tratos similares con Brasil y Argentina.
Juan pablo Olalquiaga indica que “puedes importar alimentos pero es necesario comprender cómo funciona una economía. ¿Dónde vas a refrigerar si no hay gases porque la industria química se paraliza? ¿Cómo transportas los productos si por la falta de repuestos no hay camiones? ¿Quién va a comprar si el sector privado no tiene más alternativa que despedir trabajadores?”.
2. Modelo disfuncional. Algún tipo de solución parcial para la deuda de las empresas con proveedores en el exterior aliviaría la escasez actual pero analistas advierten que dejaría intactas las causas del desequilibrio. Explican que solo desmontando la madeja de controles de precios que impiden que las empresas reflejen los costos de producción se detendrá la desaparición de los productos o la venta de los mismos en el mercado negro.
Agregan que solo acabando con un control de cambio que reparte divisas de manera discrecional, generando el hábitat perfecto para la corrupción y la ineficiencia, podría evitarse que empresas de maletín absorban una porción importante de los dólares o que al final solo ingrese al país una fracción de lo que en teoría debería importarse.
Además habría que unificar el tipo de cambio y salir de un esquema donde oficialmente hay tres precios para el dólar, más el mercado negro. Este sistema es el que estimula una demanda excesiva por los dólares más baratos a 6,30 bolívares que luego pueden ser revendidos a 600 bolívares en el mercado negro, un diferencial de 9.423 %.
El economista Orlando Ochoa es más categórico y afirma que es inevitable una cirugía mayor. “Se acabó el tiempo en que podías colocar parches o tomar medidas aisladas. Venezuela necesita un ajuste integral que contemple la parte fiscal, monetaria y cambiaria. Además se necesitan estímulos al sector privado y planes sociales para que los sectores más vulnerables resistan el ajuste. Eso no lo puede hacer este gobierno, la solución es un cambio completo de rumbo, no cosas aisladas como titularizar la deuda privada que es lo que propone Conindustria”.
3. La inacción. Aunque la escasez no se detiene y la inflación alzó el vuelo por la caída de la oferta y una demanda estimulada por un Banco Central que emite dinero para financiar al gobierno, Nicolás Maduro se ha negado a tomar medidas de ajuste. ¿A qué se debe la inacción?
En un trabajo clásico sobre este tema (Why are stabilizations delayed?) Alberto Alesina y Allan Drazen plantean que “si después de un choque adverso los países necesitan implantar costosas políticas de estabilización, diferentes grupos políticamente poderosos podrían divergir acerca de la asignación de la carga del ajuste”.
En este sentido grupos que se han beneficiado con la distorsión cambiaria, obteniendo dólares a 6,30 bolívares, o que se han dedicado a importar lo que antes se producía en el país y tienen influencia en el gobierno, podrían ser una de las causas del retraso en la toma de medidas.
En marzo de 2014 el entonces ministro de Planificación, Jorge Giordani, le entregó al Presidente Nicolás Maduro el documento Propuestas para la coyuntura económica 2014 donde incluye una serie de recomendaciones como “auspiciar la convergencia de los tipos de cambio en el mediano plazo”. El plan fue desechado.
En junio de 2014 el entonces vicepresidente de economía, Rafael Ramírez, entregó a Maduro un proyecto de ajuste que incluía la unificación cambiaria, pero el plan también quedó descartado.
Otro factor a tomar en cuenta es la visión de los asesores. En un reporte fechado el 2 de julio de este año el analista para la región andina de Bank of America, Francisco Rodríguez, señala que sus conversaciones con funcionarios del gobierno confirman la creciente influencia del economista español Alfredo Serrano Mancilla en el enfoque de la política económica.
El 13 de marzo de este año Nicolás Maduro se refirió a Alfredo Serrano: “es un economista, investigador, magister, profesor universitario internacional, Alfredo Serrano. Hombre muy inteligente, muy formado y además que está construyendo los nuevos conceptos de la nueva economía del Siglo XXI”.
El 4 de mayo Alfredo Serrano en una entrevista concedida a Telesur habló de Venezuela y defendió el sistema de tipos de cambio múltiples: “No es posible aplicar un único tipo de cambio para diferentes objetivos, es como tratar igual a desiguales, sería muy injusto. La política cambiaria venezolana en ese sentido ha sido muy respetuosa con los principios de justicia”.
Además Serrano Mancilla mantiene la idea de que el sector privado es parasitario. En este sentido habló del “rentismo importador del Siglo XXI que no solo especula comprando afuera y vendiendo adentro sino que es ociosa esa nueva burguesía importadora capitalista porque no quiere producir. Eso es lo que ha hecho que este nuevo poder económico capitalista que disputa la renta petrolera ahora ya en destino tenga poder de mercado suficiente para intentar marcar precios muy elevados o jugar con los mecanismos de desabastecimiento que provocan desestabilidad política”.
Por ahora Nicolás Maduro mantiene la visión de que es posible enfrentar los desequilibrios actuando sobre las consecuencias, combatiendo a quienes revenden productos con precios regulados en el mercado negro, dejando intactas las causas de la escasez. El sábado 8 de agosto anunció: “No voy a revelar día ni fecha, pero voy a lanzar un plan arrasador contra la economía criminal de los bachaqueros, contra los pelucones”.
El 9 de mayo el Presidente ya había anunciado que durante mayo, junio y julio estaría “dedicado personalmente, con equipos especiales a estabilizar y regularizar el sistema de abastecimiento por encima de todos estos grupos capitalistas que se pasan saboteando la economía del país”.
En ese lapso se agudizó el desabastecimiento y aumentaron los saqueos.
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