Thursday, February 23, 2017

Gustavo Coronel: El chavismo como agente de descapitalización social

EN:


Gustavo Coronel

El Capital Social puede ser definido como los valores y normas no escritas compartidas por los miembros de una sociedad, las cuales promueven el trabajo en común, la  cooperación y el  progreso. Entre esas normas figuran en lugar prominente la reciprocidad, la honestidad y la confianza. De Tocqueville había advertido ya en la sociedad estadounidense lo que él llamó “el arte de la asociación”, como uno de los ingredientes esenciales de una sociedad floreciente.

En Venezuela estos ingredientes de una sociedad solidaria han estado, históricamente, poco desarrollados. Sin embargo, una fuente importante de capital social abundante en nuestro país ha sido tradicionalmente la familia extendida, una estructura frecuente en la cultura latinoamericana, la cual  trata de compensar por las deficiencias de una relación social más amplia entre miembros de la sociedad que no comparten lazos de consanguinidad.

A pesar de que la familia extendida es una manifestación de solidaridad esencialmente tribal no hay dudas de que existe una fuerte correlación entre su existencia y la capacidad de sus miembros para relacionarse con éxito con grupos y personas fuera de ese círculo familiar. Lamentablemente en nuestro país la frecuente ausencia del padre le resta al niño la posibilidad de establecer redes sociales de significación en la comunidad. Esa ausencia representa un obstáculo para el desarrollo de estas redes, restando al niño y al adolescente  la posibilidad de desarrollar confianza en el prójimo a través de su relación con la autoridad paterna.

Por este y otros factores la carencia de suficientes normas y valores compartidos en nuestra sociedad ha conducido a un débil capital social, el cual se ha tratado de reemplazar, particularmente en los últimos 17 años,  por el estado benefactor y paternalista. Ello ha llevado a muchos venezolanos a ver en el “presidente”, el autócrata, la figura paternal que no han tenido en sus hogares. En el caso específico de Chávez/Maduro este intento de reemplazo ha probado ser catastrófico para la sociedad venezolana.  La figura del padre, la cual serviría en un hogar para robustecer la confianza del niño en el adulto, llevándolo a incrementar el capital social, ha sido sustituida por un estado paternalista que utiliza a la persona bajo su cuidado como simple herramienta para lograr fines de poder político. En este sentido el estado paternalista venezolano se ha convertido en un agente de destrucción del capital social.

Esta acción destructora de capital social se manifiesta a través de las políticas de subsidios y dádivas a la población llevadas a cabo por el chavismo, a cambio de exigir a los venezolanos lealtad política. Lejos de crear incentivos para la solidaridad social esta gran piñata venezolana representa una fuente de rivalidades y mezquindades, estimulando la competencia, no la solidaridad, entre los “beneficiarios” de la limosna. Es como si un padre distribuyera alimentos en el hogar condicionando la entrega al amor y la lealtad de los hijos. Esta práctica conduciría, inevitablemente, a la aparición de la hipocresía, de la desconfianza entre hermanos, de la rivalidad y de la trampa para obtener los mejores beneficios.


Esto es lo que ha ocurrido en la Venezuela del chavismo. Por ello, la influencia nefasta del chavismo no se extinguirá con su salida del poder político. Quedarán secuelas gravísimas de embrutecimiento  entre el pueblo, las cuales tendrán que ser objeto de  atención, tanto o más cuidadosa que el suministro de comida y medicinas a la población. Habrá que diseñar una urgente política de educación ciudadana para reparar y eliminar el daño causado a millones de venezolanos por las prácticas innobles de manipulación ejercidas en contra del pueblo por tantos años, las cuales han llevado a un agudo empobrecimiento material y, sobre todo, espiritual.    

No comments:

Post a Comment