Monday, February 27, 2017

Enrique Krauze: Desunión nacional

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Ahora como en 1847, con todas las diferencias, el peligro está a la
vista y es mayúsculo. Justamente por eso las facciones políticas y las
elites deben actuar poniendo el interés de la nación sobre sus
intereses particulares

Enrique Krauze
Letras Libres
Febrero 13, 2017
http://www.letraslibres.com/mexico/politica/desunion-nacional

"(Se dice que) la guerra extranjera salva la nacionalidad y
consolida las instituciones de los pueblos agitados por las
facciones".
José Fernando Ramírez, 1847
El autor de esa frase comprobó, trágicamente, que México era la
excepción. Durante la invasión de Estados Unidos ocupaba el cargo de
ministro de Relaciones Exteriores, Gobernación y Policía. Su veredicto
fue terrible:
Todos, universalmente todos, se han conducido de una
manera tal, que justamente merecemos el desprecio y el
escarnio de los pueblos cultos. Somos nada,
absolutamente nada, con la circunstancia agravante de
que nuestra insensata vanidad nos hace creer que lo
somos todo.
Se refería a las elites rectoras (políticas, militares, eclesiásticas,
intelectuales, empresariales). Absortos en sus diferencias políticas, "los
representantes raciocinan poco y hablan mucho", escribía Ramírez. Con
el "enemigo extranjero [echando] anclas en Veracruz", el clero
"aprovechó la coyuntura [...] y abrió sus arcas para encender la guerra
civil". La "sibarita y muelle juventud capitalina [...] indiferente a la
invasión", había salido en defensa de la inmunidad eclesiástica en la
rebelión de los Polkos. El presidente Gómez Farías actuaba con
"dignidad y valentía", pero era solo un "fanático político de buena fe".
Su gabinete era corrupto e ineficaz. Algunos liberales "puros"
manifestaban su simpatía por el invasor. El general Santa Anna era "un
vicioso administrador de los caudales públicos". Los jefes militares se
mostraban "cobardes, ignorantes y sin rayo de pundonor".
Por contraste, en el pueblo de la ciudad de México "se había
despertado grandísimo entusiasmo" para luchar. "Dios quiera que
dure", apuntaba Ramírez el 11 de agosto de 1847. Un mes más tarde,
cuando la capital estaba a punto de caer, aquel entusiasmo se había
apagado por la ineptitud del ejército:
Yo [no] he visto en estos últimos días una sola persona que
diera muestras de miedo, y todos estábamos resueltos a
vender caras nuestras vidas en los parapetos, si nuestro
ejército sufría un descalabro en regla. El miedo entró por
los entorchados y bandas; y me parece muy natural, pues a
la hora de la prueba se encontraron con que habían errado
vocación, o que ignoraban completamente lo que el traje
demandaba.
La lección de 1847 es clara: el pueblo estaba dispuesto a combatir pero
las facciones políticas y las elites rectoras fallaron.
Ahora como entonces, con todas las diferencias, el peligro está a la
vista y es mayúsculo. Justamente por eso las facciones políticas y las
elites (políticas, empresariales, mediáticas, sindicales, académicas,
intelectuales) deben actuar poniendo el interés de la nación sobre sus
intereses particulares. No todas lo están haciendo.
El gobierno ha afirmado que el límite infranqueable de la negociación
es la dignidad nacional. Esa actitud debería complementarse con una
explicación continua, oportuna y clara sobre la gravedad de la situación
y las estrategias a seguir. Los partidos políticos –sin excepción– se han
comportado con mezquindad. Están más interesados en ganar
posiciones rumbo al 2018 que en salvar la situación de emergencia de
2017. Tampoco los grandes y medianos empresarios, la Iglesia, los
medios de comunicación, han aportado suficientes iniciativas y
acciones prácticas.
Lo más triste es la enconada división que se ha manifestado en las
redes a propósito de la marcha de este domingo 12 de febrero.
Cuando ha ocurrido un agravio semejante en París, Madrid, Londres o
Nueva York, las imágenes suelen dar la vuelta al mundo. ¿Qué mejor
forma de demostrar a Trump de qué pasta está hecho el pueblo
mexicano? El rector de la UNAM ha tomado la antorcha cívica. Otras
instituciones académicas y un sector de la sociedad acudirán también.
Pero una franja muy amplia de la izquierda ha demonizado la
manifestación. Para ellos, México se divide entre el "pueblo" (que ellos
representan) y el "no pueblo" (que marchará representando a "la
derecha", "manipulada por el gobierno"). En el mejor de los casos, esta
franja radical no ha calibrado el sufrimiento que podría provocar Trump
en la vida de decenas de millones de compatriotas. En el peor de los
casos, simpatiza con él.
Asistiré a la marcha. Dudo que sea un éxito y es una pena. Ante una
muestra palpable de unidad nacional, todo el pueblo mexicano habría
reaccionado con "grandísimo entusiasmo". Pero no hemos aprendido
la lección. La división de los mexicanos fue un factor en la derrota de
1847. Si persiste, lo será de nuevo.

Publicado previamente en el periódico Reforma

Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947). Ingeniero
Industrial (UNAM, 1969). Doctor en Historia (Colegio de
México, 1974). En 1977 ingresó a la revista Vuelta como
secretario de redacción y en 1981 se convirtió en el
subdirector, puesto que ocupó hasta diciembre de 1996. En
1991 fundó la Editorial Clío y en 1999 dio a la luz, como
director, a la revista Letras Libres. Es miembro del
Instituto Cervantes y de la cadena Televisa. Ha publicado
numerosos ensayos, biografías y especialmente libros de
historia, en especial de México, con especial interés en su
sociología, política y economía. Ha recibido numerosas
distinciones y premios. El pasado noviembre de 2011
publicó Redentores. Ideas y poder en América Latina
(Debate).

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