Tuesday, February 28, 2017

Miguel Henrique Otero: Carnet de la patria, una puerta a la pesadilla

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Miguel Henrique Otero
Tengo el sentimiento de que en la concepción del carnet de la patria subyacen los más siniestros hábitos mentales de la dictadura de Nicolás Maduro. Al régimen no le basta con violentar la Constitución e impedir el derecho al voto. No le basta hacer uso del TSJ para anular la autonomía de los poderes públicos, desconociendo a la Asamblea Nacional. No le basta con politizar a la FANB para que ella sea guardia del gobierno. Ni les resulta suficiente someter al país a un doble programa de hiperinflación y desabastecimiento, que ha provocado un salto en los indicadores de pobreza.
Tampoco le satisface a Maduro y a sus secuaces que bandas de delincuentes, armadas y protegidas por funcionarios, puedan acabar con las vidas de más 28.000 personas al año. No les perturba que, en todo el mundo, los vínculos del gobierno con el narcotráfico sean cada vez más evidentes. La sed de destrucción del chavismo-madurismo no se sacia. Quieren más: ahogar y aniquilar la dignidad de los ciudadanos. Quieren doblegar la moral y la capacidad de resistir que han demostrado.
Y esa es la función primordial del carnet de la patria: crear una dependencia del gobierno. Hacer que cada persona y cada familia deban registrarse, contar con un permiso para adquirir alimentos. El carnet de la patria quiere que las personas hagan colas. Que pidan favores. Que rueguen por una bolsa de comida. Que hagan silencio ante el arrasamiento del país. El carnet de la patria es la indignidad misma. Herramienta para someter a cada persona.
El poder sostiene que el carnet de la patria permitirá controlar el acceso a las bolsas de comida, cuando la realidad es que el sistema de los CLAP, en pocos meses, se ha convertido en una gigantesca operación de corrupción, posiblemente la más extendida que se haya producido en Venezuela. Bolsas de los CLAP ya están a la venta en el norte de Brasil, el este de Colombia, en Curazao, Aruba, Trinidad y Tobago. El propietario de una empresa de transporte de crudos contó hace unos días a un grupo de exilados venezolanos en República Dominicana, que marinos centroamericanos que trabajan en barcos petroleros están comprando bolsas del CLAP por cinco dólares, en el terminal de carga de crudos en Jose, estado Anzoátegui.
El propio Freddy Bernal ha advertido que los datos del carnet de la patria se cruzarán con 25 bases de datos del gobierno: seguramente se incluirán las de las misiones y otras. Todo esto indica que se trata de un enorme mecanismo de control, con el que aspiran a crear una inmensa base de datos para usos políticos. A quienes se vean obligados por la necesidad a entregar sus datos para recibir un carnet que les permita acceder a una bolsa de comida, se les exigirá lealtades políticas: asistir a las concentraciones, firmar documentos en contra de la democracia, y quién sabe qué otros abusos. Recuerden: el carnet de la patria no es un instrumento administrativo, sino un instrumento de la dictadura. Nada solucionará, sino que se convertirá en una pesadilla para todo ciudadano que entregue sus datos.

Alberto Arteaga Sánchez: Muerte en el liceo

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Alberto Arteaga Sánchez

Una de las noticias de mayor impacto en la página de sucesos de los medios impresos que reflejan con crudeza y sin amarillismo lo que ocurre en la realidad que nos ha tocado vivir es el asesinato a golpes de una joven liceísta y la consecuencia de la muerte de la inocente criatura que se encontraba en su vientre.
Al homicidio, de máxima gravedad o “calificado”, le han sido atribuidas las agravantes de alevosía y motivos fútiles, a la vez que se ha estimado que fue cometido en grado de “complicidad correspectiva”, con el añadido –al parecer– de un agavillamiento sin sentido alguno.
Sin duda, la indefensión de la víctima y la superioridad en número de quienes la agredieron, con las circunstancias de la mayor fragilidad de una mujer embarazada y la ausencia de riesgo en el hecho, explica la agravante de la alevosía, debiendo igualmente destacarse que, sin duda, se actuó por motivos fútiles, en la medida en que la cruel muerte por una golpiza –que exige mayor saña y trajo consigo segar otra vida, ajena a toda contaminación, esperanza de un futuro mejor– se produjo bajo el motivo insignificante de un reclamo por la no colaboración en un trabajo que debió hacer y presentar la víctima con su exclusivo esfuerzo.
Evidentemente, un suceso como este debe constituirse en ocasión para la más seria reflexión de todos.
La violencia se ha hecho parte de nuestra manera de ser y se encuentra a flor de piel para ofender con las más duras expresiones o convertirse en actos que reflejan los más primitivos sentimientos de odio, resentimiento y dureza de espíritu. Se mata por matar, acreditando que la vida no vale nada; y dar muerte a otro es señal de afirmación del poder que se identifica con el homicidio a sangre fría, ya sea para liquidar a otro físicamente o para asesinarlo moralmente.
Los protagonistas de este drama, víctimas y victimarios, son jóvenes que han crecido en un ambiente de confrontación, de descalificación, de permanente enfrentamiento y de identificación del poder con la fuerza y no con la razón y el espíritu.
Se trata de un doble asesinato, trágico episodio que no puede desconocer la existencia de otro ser inocente, en las entrañas de la joven madre, sacrificado y con pleno derecho a una vida plena.
En la maraña del incomprensible lenguaje jurídico se ha calificado a las agresoras como “cómplices correspectivos”, figura o ficción de muy dudosa aceptación a la luz del derecho penal garantista que, en definitiva, sanciona con una pena atenuada a quienes han concurrido a la ejecución de un homicidio y no se puede descubrir quién es el autor o el ejecutor inmediato del hecho.
Pero, en este caso, si bien cabe plantear dudas sobre los autores materiales del horrendo crimen, marcados para toda su vida, creo que, con toda propiedad, debemos considerar como responsables a quienes hemos tenido la encomienda de encauzar y ser ejemplo en un país en desbandada, destruido moralmente, con la institución familiar deshecha, en el cual la generación que se levanta solo oye hablar de guerra, de enemigos, de violencia y de odios que no prescriben, aunque se pretendan esconder bajo una máscara de carnaval.

Carlos Alberto Montaner: Rafael Correa y el síndrome populista

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Carlos Alberto Montaner
El 24 de mayo Rafael Correa abandonará la presidencia de Ecuador. Falta poco. No se desesperen. Lo entiendo: ha sido largo y doloroso. Lleva una década en el poder. Ese día comenzará a gobernar quien gane la segunda vuelta del 2 de abril. Si los demócratas de la oposición se mantienen unidos, Guillermo Lasso deberá sucederlo en el cargo.
¿Quién es Rafael Correa, este personaje contradictorio que se hace llamar neodesarrollista, socialista del siglo XXI, católico partidario de la Teología de la Liberación, nacionalista de izquierda, y, encima, canta y toca la guitarra?
¿Estamos en presencia de un comunista disfrazado, como lo fue Fidel Castro hasta que confesó su verdadera militancia en 1961 tras haberla negado previamente media docena de veces?
No creo que Correa sea comunista. Es otra cosa. Aunque es un economista mediocre sin investigaciones originales, sabe lo suficiente para advertir que las ideas de Marx son disparatadas.
Pese a su discurso ante las cenizas del Comandante en noviembre de 2016, transido de admiración y radicalismo, Correa es la quintaesencia del populista latinoamericano. ¿Cómo se sabe? Se sabe por el estudio de sus síntomas. El populismo es un síndrome.
No hay la menor contradicción en ello. Los Castro y Rafael Correa se hermanan en la devoción populista, en el autoritarismo y en el histrionismo. Correa es fidelista a fuer de ser populista. Perón también simpatizaba con Fidel y viceversa, como les ocurría a Mussolini y a Lenin. Se amaban en secreto, como en los boleros.
Naturalmente, se puede ser populista y comunista o fascista. Eso no importa. Hay populistas a la derecha y a la izquierda del espectro político. El populismo son medidas de gobierno para conquistar el poder y mantenerse en él. Está relacionado con la psicología profunda del que manda. Incluso, no faltan líderes y partidos democráticos que, lamentablemente, exhiben algunos elementos populistas.
Se trata de formas paralelas de gobernar que incluye varios rasgos definitorios:
• Caudillismo con todas sus taras, como, por ejemplo, el narcisismo.
• El exclusivismo (los otros son siempre unos canallas).
• El clientelismo, mediante la abundante utilización de subsidios.
• El nacionalismo exacerbado que se confunde con el chauvinismo.
• El “adanismo” (creen que la historia real de la patria comenzó con ellos).
• El estatismo, dado que desconfían de la empresa privada.
• El gasto público excesivo para sostener a la clientela política, lo que suele dar lugar a coimas y otras corrupciones además de la ruina total.
• El rechazo al mercado y al comercio internacional (Correa, como Trump, aunque por la otra punta, era enemigo del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos).
• El lenguaje cáustico y la ausencia total de cualquier vestigio de cordialidad cívica.
No hay duda. Rafael Correa se parece más a los fascistas que a los marxistas-leninistas. Tiene mucho de Perón y de Velasco Alvarado, aquel ignorante general peruano que destruyó la economía de su país con medidas populistas.
Correa es un caudillo persuadido de que posee todas las verdades y de que sus adversarios son gentes despreciables. Quien tiene o manifiesta una idea diferente es un bribón al que debe denostársele y, si no se escapa, como hicieron los periodistas Emilio Palacio y Fernando Villavicencio, hay que encerrarlo.
El populista no tiene el menor respeto por las instituciones, ni por la ley, ni por el adversario, pero exige que se le trate con unción. Cuando en medio de la calle un chiquillo le hizo a Correa un gesto obsceno con el dedo medio, el presidente detuvo la caravana de coches y lo hizo arrestar.
La oposición ha contado varias docenas de insultos y calumnias proferidos en las “sabatinas”, unos programas radiales que algún día se utilizarán como material de estudio en las clases de psicopatología del poder.
Correa no cree en la tolerancia, ni en la libertad de expresión, ni en quienes postulan, como sentenció Thomas Jefferson, que es preferible una sociedad sin gobierno independiente, pero con prensa libre, antes que lo contrario.
Correa se burla o persigue a quienes lo critican y trata de arruinarlos, como hizo con los propietarios de El Universo, un gran periódico guayaquileño, porque los ricos, si no se pliegan, son sus enemigos naturales.
En fin, en la primera vuelta los ecuatorianos se han ganado el derecho de ser libres. Bravo. Lo obtuvieron en la vigilia poselectoral y en la determinación de no dejarse robar el resultado de los comicios. Ahora tendrán que triunfar en los comicios del 2 de abril para rematar la faena. Si no lo hacen, Correa volverá. Ya amenaza con ello.

Editorial El Nacional: El caretazo en Carnaval

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Editorial El Nacional
Excelente la nota que ayer envía profesionalmente la agencia Efe sobre la manera en que los militares “celebran” (las comillas son nuestras) los 28 años de esa matanza militar ejecutada por quienes hoy la reivindican como una revuelta popular  y que ayer, casualmente y para desgracia del ministro de la Defensa, contiene más mentiras que todas las utilizadas para justificar por el expresidente Bush la invasión a Irak.
Y es que los extremos se tocan, y es cuando los militares que carecen de una visión “histórica” y son “inmediatistas”, dicen lo que la maquinaria de propaganda de su propio gobierno los pone a decir, haciendo el papel de bobos, cuando en verdad la propia organización militar es eficiente, envía y elabora informes que permiten percibir hacia dónde corren las energías positivas o contrarias en medio de las corrientes políticas, y cuán peligrosas o simples son esas amenazas, si se les debe tomar en cuenta de forma frontal o manejarlas incursionando en sus divisiones internas y su aspiraciones de hegemonía.
Pasando por encima de las imbecilidades del gobierno de la época, embobado en una artificial aprobación popular, los militares y ciertos grupos de la izquierda derrotada por las propias fuerzas armadas decidieron darle cuerpo a una vieja aspiración golpista que anidaba en la FAN desde tiempo atrás. Quienes habían participado en los sangrientos intentos golpes de los años 60 (Carúpano y Puerto Cabello) insistieron, a pesar de las derrotas, en avivar la aspiración de ciertos sectores empresariales para propiciar una salida cívico militar.
Desde luego el remedio iba a ser peor que la enfermedad. Imaginaron que el Caracazo era una rebelión popular, demostrando de paso que el oportunismo cegaba su mirada, que aquello era, más que un estallido social, una seria señal de inconformidad frente a un proyecto gubernamental que no calaba en los sectores populares, que era incomprendido y rechazado en su formulación.
La reacción popular fue contra aquello que se les negaba, contra las restricciones y la rebaja en su nivel de vida, en descubrir que los nuevos gobernantes no iban a satisfacer sus ansias populistas de mantener los subsidios y controlar la relativa comodidad social que habían adquirido. Recordemos que ninguna de las sedes de los partidos fueron atacados, nadie se acercó a ellos.
Recordemos además que la represión de los saqueos hubo que quitárselas a la Policía Metropolitana  porque igual se unían a la gente del pueblo que sentía que un mundo le estaba cerrando las puertas, el mundo burocrático, mientras desde afuera el Ejército era traído de varias partes del país para fortalecer la ciudad incendiada.
Hubo que habilitar con luces de emergencia el aeropuerto de La Carlota  para que se recibiera refuerzos del interior que, finalmente, terminaron siendo un problema ya que sin conocer la ciudad y ni tener objetivos concretos mataron a más gente que un ejército enemigo.
El general Padrino no debería generalizar sobre lo que desconoce, debería confirmar tantas cosas que ocurrieron en el terreno y que él no sabe, pero que los periodistas que él odia sí sabemos porque estuvimos en los sitios de los hechos. Así de machos.

George W. Bush apoyó a los migrantes y criticó a Donald Trump

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George W. Bush, ex presidente de Estados Unidos, abogó este lunes por "una política migratoria de acogida y respeto a la ley", pero evitó criticar directamente el polémico decreto migratorio del presidente Donald Trump.
"Yo estoy por una política migratoria de acogida y respeto a la ley", se limitó a decir Bush cuando se le preguntó en una entrevista con NBC sobre si está a favor o en contra del decreto de Donald Trump, ahora bloqueado en los tribunales, que vetaba temporalmente la entrada de refugiados y de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana.
La Casa Blanca tiene previsto anunciar esta semana un nuevo decreto migratorio, tras el bloqueo del anterior, pero todavía no se conoce la fecha exacta.
El ex mandatario republicano defendió que, para vencer al grupo yihadista Estado Islámico (EI), Estados Unidos debe "proyectar fortaleza", pero prefirió no opinar sobre si la política migratoria puede influir o no en la derrota de los terroristas.
En su primera entrevista tras la investidura de Trump el pasado 20 de enero, George W. Bush destacó que "es muy importante" que todos los estadounidenses reconozcan "que una de las grandes fortalezas" del país es que las personas pueden profesar la fe que desean o no profesar ninguna.
"Yo entendí desde el principio que este es un conflicto ideológico y que las personas que asesinan a inocentes no son personas religiosas. Quieren promover una ideología y hemos enfrentado este tipo de ideologías en el pasado", indicó.
"El poder puede ser adictivo"
El 43° presidente —quien mantuvo sus propios conflictos con la prensa mientras vivió en la Casa Blanca de 2001 a 2009— rechazó las acusaciones de Trump contra varios medios de comunicación en las que los calificó de "enemigos del pueblo".
"Considero que los medios de comunicación son indispensables para la democracia, que necesitamos a los medios para que gente como yo tenga que rendir cuentas" por lo que hace, dijo George W. Bush al programa "Today".
"El poder puede ser muy adictivo y corrosivo, y es muy importante que los medios puedan rendir cuentas a quienes abusen del poder", dijo Bush.
El ex presidente también estimó que las críticas sistemáticas contra los medios estadounidenses minan los esfuerzos del país por promover la democracia y una prensa libre en el extranjero.
Desde que asumió el poder en enero, Donald Trump mantiene una feroz batalla con los medios de Estados Unidos, a los que llegó a calificar de "deshonestos" y "mentirosos". También ha acusado a grandes canales de televisión y periódicos, como CNN y 'The New York Times', de ser "enemigos del pueblo estadounidense". 

A 28 años del “Caracazo”: opositores compararon situación actual con 1989

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A 28 años de las protestas violentas en contra del gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1989, conocidas como “El Caracazo”, dirigentes de la oposición compararon la situación de aquella época con la actual. 
Los políticos utilizaron sus cuentas de Twitter para emitir sus opiniones.
“Hoy, por largo, las condiciones son peores que en 1989, tenemos la cifra más alta de pobreza de la historia”, aseguró el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski.
El diputado José Guerra describió esta sublevación como una especie de insurrección. "Del hambre se pasó al va vandalismo. Hoy hay más hambre que el 27 de febrero de 1989”.
“Chúo” Torrealba calificó los hechos ocurridos hace 28 años como “una salvajada”, considera que actualmente la situación es “un millón de veces más grave”.
“El Caracazo es prueba de q estábamos mal desde antes, pero también de que en 18 años de "revolución" lo único que han hecho es robar al país”, reflexionó el diputado opositor Juan Andrés Mejía. 
Finalmente, la esposa del dirigente opositor Leopoldo López, Lilian Tintori, apuntó que "la pobreza ha aumentado en el 81% de los hogares venezolanos. La cifra más alta en nuestra historia". "Hoy, a 9 de cada 10 venezolanos no les alcanza el dinero para comprar su comida. La crisis de hace 28 años sigue vigente", argumentó.

Al menos 15.000 bolívares cuesta disfrutar un día de playa en Margarita

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No menos de 15.000 bolívares deberán estar dispuestos a invertir los turistas que deseen disfrutar de un día de playa en Margarita durante el asueto de Carnaval.
En Playa El Yaque, una de las costas más concurridas de la isla, el toldo más barato cuesta 5.000 bolívares, mientras que en otras playas podría costar hasta 8.000 bolívares.
Una bebida, sea o no alcohólica, en los establecimientos comerciales cerca de la playa tiene un costo de 5.000 bolívares.
Dependiendo de la ubicación del hospedaje, los turistas podrían pagar desde 1.500 hasta 7.000 bolívares en transporte para llegar a la arena. Los estacionamientos tienen un costo mínimo de 1.500 bolívares, para aquellos que desean llegar con sus vehículos.
Temporadistas encuestados por El Sol De Margarita aseguraron que al menos se tenían que gastar unos 15.000 bolívares o incluso mucho más.
En algunos locales para adquirir un toldo se debe pagar por anticipado un servicio de alguna bebida alcohólica. En un famoso establecimiento en playa el Yaque el servicio más económico tiene un valor de 59.000 bolívares, publicó el diario regional.
Lea la nota original en El Sol de Margarita