Gustavo Coronel
No
importa lo que diga el régimen, el cual afirma que en Venezuela existe
una democracia participativa,
o lo que diga la oposición organizada, que tenemos un gobierno
autoritario que debe ser vencido por la vía pacífica y electoral o –
peor aún – que debemos negociar con ellos, la verdad es que en Venezuela
se desarrolla una dura batalla que tiene al país paralizado
desde hace años.
Es
una batalla que se lleva a cabo en múltiples arenas. Millones de
venezolanos luchan por obtener
comida en el día a día. Millones luchan por no morir debido a la falta
de medicinas. Millones luchan por no sucumbir frente al crimen galopante
e impune. Miles de compatriotas luchan por sus derechos a viajar y a
obtener divisas, derechos cruelmente restringidos
para la mayoría, reservados para la burguesía del chavismo. Otro miles
luchan por sus pensiones no pagadas.
Se
lucha en todos los frentes, a pesar de que quienes proponen un diálogo
apaciguador con la
hez chavista justifican su pedimento en aras de la paz y de la
concordia y como una manera de “evitar” violencia y muerte en el país,
violencia y muerte que ya existe en proporciones horrorosas.
Cada año mueren 24000 venezolanos víctimas de la violencia promovida por el régimen y todavía
hay quienes hablan de la necesidad de conciliar y sonreírle al régimen para “evitar la violencia en el país”.
Todas
estas batallas se han estado y se están librando en Venezuela. Se
recrudecen cada día
ante los ojos de quienes hablan de evitarlas. De dónde vendrá esta
gente que trata de negociar con el régimen? Que líquido extraño correrá
por sus venas?
Dicen
pertenecer a un "nuevo tiempo". Pero realmente pertenecen a un pasado
bochornoso. Si
esta gente que hoy clama por entenderse con el régimen hubiese
conducido nuestro proceso independentista todavía Venezuela sería una
colonia de España. Si hubieran estado en USA como líderes en 1776, la
Reina Isabel sería hoy soberana desde Vermont hasta
California. Si hubiesen actuado en la Europa del siglo pasado, Hitler
hubiera sido el amo del mundo.
Las batallas que rugen hoy en Venezuela son múltiples pero no hemos mencionado todavía la mayor
de las batallas que se llevan hoy a cabo.
Es la batalla por el alma de Venezuela. Tenemos que darnos cuenta de que esa es la suprema batalla,
la que no debemos perder, la que si se pierde, se pierde todo.
Si
el chavismo y lo que representa no es derrotado decisivamente y
expulsado del poder. Si el
difunto sátrapa no es finalmente reconocido como lo que verdaderamente
fue: un déspota ignorante, borracho de poder, sin visión de país. Si
dejamos que un iletrado cursi siga mandando en Venezuela o dejamos
intacto la maquinaria del desastre que ha montado,
sin aplicarle el castigo que merece, Venezuela perderá su alma.
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