Maduro quiere dialogar. Tiene ganas de hablar con los demás. El individuo que ha hecho del monólogo una señal de identidad y una forma de vivir, ha decidido intercambiar opiniones con el prójimo, especialmente con el prójimo que habita en la otra orilla y a quien ha despreciado olímpicamente. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón de ese intempestivo cambio de maneras? Maduro está solo. Está arrinconado. No sale de su oficina sin la compañía de un abigarrado ejército de guardaespaldas. Ya olvidó cómo son las calles o las casas de los amigos, y hasta la sede del partido de cual es dirigente, de tanta ausencia capaz de borrar memorias que antes eran entrañables. Los lugares del pasado y los habitantes de esos lugares han desaparecido de su entorno, como la arena que se desprende de las manos ante el menor de los movimientos. Si fue una situación cómoda, capaz de transmitir seguridad, si se sintió a gusto sin el estorbo de los interlocutores, se le ha vuelto un calvario del que no puede salir sino a través de movimientos desesperados....
EN: http://www.el-nacional.com/noticias/editorial/usurpador-quiere-dialogo_278300
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