Gustavo Coronel
En 2008 la Faja parecía unas Naciones Unidas, con empresas cubanas, ecuatorianas, bielorrusas, portuguesas o uruguayas presentes. Esta es una de las tantas locuras que ha cometido el régimen chavista en la faja del Orinoco
Nota
preliminar: probablemente millones de venezolanos se acuestan de noche
pensando que, aunque el país es un desastre, siempre nos queda la Faja
del Orinoco, ese reservorio de petróleo que contiene miles de millones
de barriles y que servirá para poner al país de nuevo en buenas
condiciones económicas. Este artículo es un intento de alertar sobre
otras probables realidades en torno a la Faja. No representa un análisis
técnico exhaustivo de la situación sino mi opinión, basada en mi
experiencia en la industria petrolera.
La
Faja del Orinoco ha sido por muchos años una promesa irrealizada.
Descubierta por el pozo La Canoa 1 en 1938 fue esencialmente relegada a
un segundo plano hasta la década de 1970, cuando se estatizó la
industria petrolera. Hasta ese momento su desarrollo había sido muy
incipiente por la baja calidad del petróleo allí encontrado, el cual va
desde bitumen hasta petróleo pesado. Comprensiblemente el desarrollo de
estos hidrocarburos se demoró porque existían en el país yacimientos de
petróleo de mayor calidad en las llamadas Cuencas de Maracaibo y de
Maturín.
La
declinación en los yacimientos de petróleo liviano renovó el interés
por la faja. Sin embargo, en los primeros años de la estatización
petrolera, 1976-1978, se presentó un problema de competencia en lo
relacionado con su desarrollo. El ministerio de Minas y Petróleo de la
época argumentaba que debían ser ellos quienes manejaran el desarrollo
de la Faja, área que era definida por sus técnicos como un proyecto de
investigación orientado a un desarrollo futuro. Se quería conservar la
faja para nuevas generaciones. En la empresa del estado, Petróleos de
Venezuela, se pensaba que la faja debía ser desarrollada sin demoras y
hasta se contrató una empresa extranjera, Bechtel, para llevar a cabo la
planificación de ese desarrollo. El sector de izquierda y COPEI se
oponían al desarrollo de la faja porque decían que ello representaría
“la entrega” de esos recursos a las empresas internacionales. Comenzaba
así a funcionar en la faja el síndrome de Florinda en Invierno: “al
hombre mozo que te habló de amores, le dijiste, Florinda, que volviera,
porque en las manos te sobraban flores para reírte de la primavera”.
Durante
la apertura petrolera de los año 90 se hizo un progreso significativo
en la faja, al establecerse cuatro proyectos de desarrollo en asociación
con empresas internacionales de gran prestigio: Exxon, Conoco, Chevron y
Total. Como resultado de esta apertura se invirtió en la faja del
Orinoco una suma cercana a los $21000 millones y se generó un volumen
de producción cercano al millón de barriles diarios, creándose unos
11000 empleos directos. Se construyeron plantas de refinación profunda,
a fin de convertir el petróleo extra pesado en un producto
comercializable. En el año 2006, bajo el nuevo gobierno de Hugo Chávez,
ese proyecto de desarrollo con la asociación de empresas internacionales
fue “enterrado” (ese fue el término utilizado por el Sr. Chávez) y
reemplazado por lo que se ha llamado “siembra petrolera”. Una de las
víctimas de esta nueva política fue la orimulsión, un producto de bajo
valor energético obtenido de la mezcla de petróleo crudo de la faja con
aditivos y agua, a ser vendido como competidor del carbón, actividad que
fue eliminada por el régimen. Las empresas fueron obligadas a
renegociar sus contratos y dos de ellas, Exxon y Conoco, se fueron del
país y demandaron a PDVSA.
Desde
2004 el régimen había iniciado una redefinición de la Misión de
Petróleos de Venezuela, la cual la llevó a convertirse en una empresa
“social”, añadiendo múltiples tareas no petroleras a su misión original.
Se cancelaron las asociaciones estratégicas con las empresas
extranjeras y se establecieron términos diferentes de participación, en
base a los cuales PDVSA tendría el 60% de propiedad accionaria y las
empresas extranjeras tendrían que aportar el 100% de las inversiones y
gastos, para ser re-embolsadas con petróleo a futuro. De esta manera se
consolidó la segunda etapa del síndrome de Florinda en Invierno: “Llegó
el Otoño: cama y cobertores te dio en su deshojar la enredadera, y
vino el hombre que te habló de amores y nuevamente le dijiste: -Espera”.
Desde
2006 hasta hoy la Faja del Orinoco ha visto un continuo desfilar de
empresas grandes, medianas y pequeñas. Unas se van, otras llegan, las
más están a la expectativa. Hay empresas de La India, de Vietnam (ya se
fue), de Cuba, de China, de Rusia (algunas se fueron), de USA (solo
queda Chevron). La mayoría de estas empresas presentes en la faja
carecen de tecnologías apropiadas, de sólida gerencia y, sobre todo, de
capital y de firmes intenciones de hacer aportes cuantiosos en el
desarrollo de la zona. Hay mucho discurso, mucha propaganda, anuncios
rimbombantes, pero nada en concreto. Noticias de hace tres y cuatro años
sobre planes de inversión son repetidas hoy, recicladas como si fueran
nuevas, a fin de mantener a la población venezolana en la creencia de
que “algo está sucediendo”.
Hoy
en día el desarrollo de la faja del Orinoco está esencialmente
estancado. Mediante un proceso fraudulento de redistribución geográfica
del llamado Distrito Faja, se han incorporado a ese Distrito campos
productores adyacentes que no corresponden a nuevos desarrollos sino a
una especie de “gerrymandering” petrolero, a fin de hacer creer que la
producción de petróleo de la faja ha aumentado. La actividad petrolera
en la faja ha sido reemplazada por discursos renombrando la faja como
“Comandante Supremo Hugo Chávez Frías”, bautizos de pozos con nombres
“revolucionarios” y el anuncio de “importantes” cultivos de caraotas
negras, lo más parecido que he encontrado a una “siembra petrolera”.
Mientras
esta zarzuela ha estado llevándose a cabo por 15 años el mundo de la
energía ha estado cambiando. Aparecieron con mucha fuerza, sobre todo
en USA, el gas y el petróleo de lutitas. El uso de energías limpias
está creciendo rápidamente, sobre todo en Europa. La presión de los
ambientalistas se ha incrementado hasta el punto que en USA el gobierno
ya ha presentado un agresivo proyecto de reemplazo de combustibles
fósiles (petróleo y carbón) por fuentes renovables de energía. El auto
eléctrico está proliferando. Se habla de innovaciones importantes en el
campo de las células solares y de futuras granjas de energía solar
almacenada en el espacio exterior. Se afirma que si se desea limitar el
calentamiento global de la atmósfera a no más de dos grados centígrados,
importantes yacimientos de hidrocarburos contaminantes deberán dejarse
bajo tierra, “enterrados”, como diría el difunto comandante eterno.
En
base a estas consideraciones geopolíticas y energéticas sobre las
cuales Venezuela tiene poco o ningún control, podemos establecer dos o
tres escenarios más probables para el futuro de la Faja del Orinoco a
largo plazo, digamos unos 50-70 años. Los llamaremos: (1), Florinda en
Invierno; (2) Una vejez modesta y (3), Un renacimiento inesperado.
(1) FLORINDA EN INVIERNO
Y ahora esperas tú, visión remota,
campiña gris, empalizada rota,
ya sin calor el póstumo retoño
campiña gris, empalizada rota,
ya sin calor el póstumo retoño
que te dejó la enredadera trunca,
porque cuando el amor viene en Otoño,
si le dejamos ir no vuelve nunca.
porque cuando el amor viene en Otoño,
si le dejamos ir no vuelve nunca.
Este
escenario sería una extrapolación de lo que ha venido sucediendo en los
últimos 15 años. El consumo de gas natural y fuentes energéticas
renovables seguirá creciendo, las presiones ambientales se harán más
fuertes y continuará el reemplazo progresivo de combustibles fósiles
como el carbón y el petróleo de peor calidad por fuentes energéticas más
limpias, como el gas natural. La ventana de oportunidad de los
hidrocarburos líquidos más contaminantes y del carbón se cerraría en
gran medida en unos 50 años.
Si
esto fuera cierto, comenzar un programa de desarrollo de gran magnitud
en la Faja del Orinoco, como lo siguen anunciando los jerarcas del
régimen, a fin de producir 4 millones de barriles diarios adicionales de
la Faja, tendría poco sentido. Un programa de esta magnitud tardaría
unos 10 años o más en cristalizar y requeriría no menos de $50.000
millones en inversión, dinero que PDVSA no tiene ni tendrá en el futuro
previsible. Ese dinero tendría que venir de empresas internacionales
presentes hoy en Venezuela (Chevron, ENI, Repsol, etc.) , las cuales
desconfían del régimen, o de aquellas que simplemente no están
dispuestas a regresar (Exxon, Shell, BP, Conoco, etc.) mientras
permanezca este régimen en el poder. En este escenario, una producción
en la faja a 50 o más años plazo, tal como se viene anunciando en la
Venezuela chavista, tendría pocas probabilidades de concretarse.
Creo
que este escenario del Síndrome de Florinda, en base al cual la faja se
convierte en una promesa incumplida y se ve apartada por las fuertes
tendencias mundiales hacia el uso de recursos energéticos más limpios,
tiene un 40% de probabilidades de concretarse.
(2) Una Vejez Modesta
En
este escenario la tendencia global de reemplazo de los hidrocarburos
por fuentes más limpias de energía se mantiene pero hay un proceso más
lento de reemplazo, lo cual haría posible que la faja establezca una
producción de unos 2-2.5 millones de barriles diarios por los próximos
50 o más años. Sin embargo, para que este escenario se concrete se
deberán llevar a cabo importantes cambios políticos en Venezuela. Este
régimen no podrá hacerlo, debido a su total carencia de recursos
financieros combinado con una actitud política que le impide asociarse
de manera efectiva con el capital privado. En base a este escenario el
país pudiera mantener una producción de petróleo del orden de los 3-3,5
millones de barriles diarios por un largo tiempo, probablemente hasta el
fin del siglo XXI. Pero solo un país democrático y abierto a la
participación plena del capital privado internacional, bajo reglas
transparentes y estables en el tiempo, podrá concretar este escenario.
Creemos que este escenario tendría un 50% de probabilidades.
(3) Un renacimiento inesperado
Bajo
este escenario un evento geopolítico de gran magnitud o un cambio
radical de la tendencia actual de reemplazar el petróleo por fuentes más
limpias de energía colocaría el desarrollo de la faja del Orinoco en
una situación de gran prioridad mundial. En ese caso sería posible
conseguir los recursos financieros y técnicos para llevar la producción
en la zona a unos 4 millones de barriles diarios en un período de unos
12 años. El esfuerzo logístico para llevar este incremento de producción
a cabo es enorme y mucho tendría que cambiar en la naturaleza del
gobierno y en la manera de operar de la industria petrolera venezolana
para que ello se pudiera lograr. Es por ello que a este escenario le
vemos apenas un 10% de probabilidades de concretarse.
Conclusión
Lo
importante para Venezuela es que un escenario de alta producción
petrolera en la faja del Orinoco parece menos y menos probable a medida
que transcurre el tiempo. Estos últimos 15 años han sido tiempo perdido
para la faja. Cualquier desarrollo futuro importante tomará unos diez
años en concretarse. El pasar del tiempo contribuye a cerrar la ventana
de oportunidad para esta inmensa zona de petróleos pesados y de bitumen
cuyo desarrollo se ha estado quedando con los crespos hechos por culpa
de los mitos y las ideologías estatistas.
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