EDITORIAL EL NACIONAL
El presidente Nicolás Maduro ha
renovado su solicitud en cuanto a la firma de un acuerdo que garantice, desde
ahora (¿?), el respeto de los resultados de las elecciones parlamentarias. Que
un gesto de octubre avale los escrutinios de diciembre. Que la oposición cambie
las sospechas de la actualidad por la confianza en una posteridad que no se
avizora con la deseada transparencia. Que bendigamos todos desde hoy al CNE, en
suma, porque su conducta garantizará cuentas cristalinas e irreprochables.
El señor Maduro pretende
establecer un trato con los tontos, es decir, con gente que se olvide de las
zancadillas, de las penumbras y de las trácalas del pasado para iniciar una
historia de confianza y seriedad. Olvida, o quiere que se olvide, el papel
indiscutiblemente parcial que ha asumido el CNE desde los tiempos de Jorgito
Rodríguez, con viaje a Miami incluido, como si ni fuera suficiente evidencia de
sectarismo y ventajismo el hecho de que dirigiera los comicios un líder del
PSUV convicto y confeso, cuando el Poder Electoral estrenaba con bombos y
platillos una parafernalia electrónica que produjo reticencias infinitas que no
se han disipado.
El presidente Maduro también
propone que olvidemos cómo eligió recientemente la Asamblea Nacional a las
autoridades del CNE, violando los reglamentos de selección y echando al pajón
las candidaturas propuestas por las universidades y por la sociedad civil. Le
parece conveniente que no nos acordemos de cómo quedó la composición de las
fuerzas políticas en la cúpula del organismo electoral, cuatro contra uno a la
hora de la toma de decisiones importantes y aún en el manejo de la actividad de
todos los días en la sede del Centro Simón Bolívar.
El presidente Maduro, cuando
renueva su propuesta de acuerdo preelectoral, olvida la negativa del CNE,
impulsada desde Miraflores, sobre la presencia de observadores internacionales
cuya mirada impida, o denuncie, los manejos turbios que han caracterizado al
PSUV cuando se trata de contar, buscar e inventar votos y votantes.
Si lo ha hecho a su gusto el
partido oficial en el pasado, en materia de delincuencia electoral, con la
venia o con la vista gorda de las rectoras cómplices del oficialismo, ¿no
seguirá en las mismas auxiliado por la ceguera o la miopía de unos observadores
que solo mirarán el paisaje que les sugiera un gobierno que los invita
especialmente para que sean dócil compañía y adecuada coartada?
El presidente Nicolás Maduro no
está en nada. Siente que la experiencia del pasado próximo no deja lecciones
imposibles de olvidar, no deja cicatrices evidentes, no señala distancias
kilométricas, no produce suspicacias fundadas.
Pero la MUD está clara, si nos
atenemos a una primera respuesta que ha dado su coordinador ante la riesgosa
invitación que ha hecho en cadena nacional el ciudadano Nicolás
sin despeinarse siquiera. La MUD exige contar los votos de manera correcta después
de la jornada de diciembre, como debe ser, porque cada vez hay menos tontos en
Venezuela.
Vía El
Nacional
Que pasa Margarita
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