Pienso
que habiendo resistido a quince años de imposiciones y de destrucción del país,
el pueblo venezolano ciertamente se ha ganado el derecho a que sus líderes le
hablen con claridad y con la verdad por delante. El triunfalismo puede ser uno
de nuestros peores enemigos porque nos hace perezosos cuando es necesario estar
en plena forma ciudadana
Una de las demostraciones más
dramáticas sobre el alcance del aprendizaje ciudadano que debería haber
ocurrido en Venezuela después de estos 15 años de demolición de la democracia y
las instituciones del país, sería el que la gente tuviera la convicción de que
ciertamente es posible ganar las elecciones a la Asamblea Nacional el próximo 6
de diciembre, y que es vital hacer todo lo necesario para defender una eventual
victoria, pero que al mismo tiempo estuviese preparada para perder sin que se
resquebrajara la unidad opositora.
El asunto puede parecer un
arranque de idealismo, o peor aún de pendejismo, pero en verdad tiene un
sentido práctico y político considerable. Frente a un adversario inescrupuloso
como la oligarquía chavista, decidida a hacer lo que sea para mantenerse en el
poder al tiempo que se protege internacionalmente presentándose como defensora
de los intereses del pueblo y guardián de la democracia, es indispensable que
la gente entienda que no hay espacio para el triunfalismo, que éstas no son
unas elecciones convencionales en una democracia funcional sino una batalla
épica ciudadana por la libertad y la democracia.
Sin importar lo que digan las
encuestas, la gente debe estar preparada para actuar antes, durante y después
del acto electoral. La mejor protección para el liderazgo opositor es que le
gente esté presente en los centros electorales hasta que las actas hayan sido
enviadas electrónicamente a la sala de totalización y los testigos se puedan
retirar protegidos con sus copias de las actas. Yo soy un convencido, por
muchas razones que resultaría muy largo de enumerar, que el fraude electrónico
del que mucha gente ha hablado y que permitiría cambiar los resultados
electorales “en vuelo” por así decir, durante la transmisión es una ficción
peligrosa que le hace mucho daño a la resistencia ciudadana. Por otro lado, el
abuso continuado, la modificación de las circunscripciones y la usurpación de
identidad el mismo día de las elecciones son riesgos reales. En particular, la
usurpación de identidad puede ocurrir durante cualquier momento del proceso
electoral, y especialmente al final del mismo, y es particularmente nociva
porque es virtualmente indetectable excepto a través de una auditoría detallada
de los cuadernos. Algo que no está contemplado en la auditoría relativamente
sencilla que impone la ley electoral.
Ya es muy tarde para corregir el
abuso de las autoridades electorales en prohibir la inscripción de ciudadanos
en pleno ejercicio de sus derechos como Carlos Vecchio o María Corina Machado,
o para intentar que se corrija el despropósito de las modificaciones a las
circunscripciones que no tiene otra motivación que hacer costoso en votos al
diputado de circuitos controlados por la oposición y baratos a los diputados
que el chavismo cree suyos. También es tarde para que la oposición corrija el
error importante de no haber organizado primarias universales que hubiesen
asegurado una buena dosis de entusiasmo y compromiso de la gente con los
candidatos.
Pero no es tarde para que el
liderazgo opositor le hable claro al país y lo entusiasme para ganar y al mismo
tiempo lo prepare para perder. Pero que en cualquier caso todos den lo mejor de
si mismos, de modo que la gente entienda que si se pierde no sea porque
no hicimos todo lo que teníamos que hacer. Esta actitud incluye de modo
determinante convocar a la gente para que esté presente en el cierre de las
mesas y en las auditorías públicas y abiertas que la ley contempla. La
invitación debe ser muy simple: Nos vemos a la hora del cierre de las mesas.
Que la elección del domingo 6 de diciembre ocurra como nunca antes en nuestra
historia con un despliegue de gente en los centros que evidencie la voluntad
democrática y de apego a la Constitución y las leyes de nuestro pueblo, y que,
al mismo tiempo, impida cualquier marramuncia de última hora.
Con su presencia mas allá de
votar, el pueblo estará integrado con el liderazgo del movimiento de la
resistencia ciudadana. Así quizás finalmente entendamos que las
elecciones son decisivas, fundamentales, pero que es imposible que el chavismo
acepte unos resultados eventualmente adversos a menos que el costo político de
ignorarlos sea imposiblemente alto. En Venezuela tenemos una penosa tradición
de liderazgos que no le hablan con la verdad al país porque temen que la gente
se descorazone y no acuda a una manifestación o a una elección. Pienso que
habiendo resistido a quince años de imposiciones y de destrucción del
país, el pueblo venezolano ciertamente se ha ganado el derecho a que sus
líderes le hablen con claridad y con la verdad por delante. El
triunfalismo puede ser uno de nuestros peores enemigos porque nos hace
perezosos cuando es necesario estar en plena forma ciudadana.
Vía Tal Cual
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