Gustavo Coronel
Una Fuerza Armada degradada
Ese
día, como decía Roosevelt sobre Pearl Harbor, vivirá en la infamia. Ese
día el traidor Hugo Chávez llevó bajo engaño a sus soldaditos a matar y
a morir. Fracasó,
a pesar de que lo había estado planificando por ocho largos años, bajo
las narices de sus supervisores, tan complacientes como indiferentes o
cobardes. La Escuela Militar y la Fuerza Armada fueron tan laxos en este
sentido que un solo militar, un tal Teniente
Coronel Santeliz, era el ideólogo de dos golpes en gestación, uno de
derecha y otro de izquierda, algo que parece sacado de una opereta
barata (ver libro del General Carlos Peñaloza: “El delfín de Fidel”,
página 184).
La
cobardía y la ineptitud de Hugo Chávez llevó el golpe al fracaso pero
la negligente Fuerza Armada lo vistió de gala y le permitió
hablar por televisión. El Dr. Rafael Caldera lo defendió en el Congreso
y, posteriormente, lo liberó de ser enjuiciado, cediendo a presiones de
probados demócratas venezolanos, algunos de quienes pasarían a ser
víctimas del sátrapa. Toda esta comedia de
errores y cobardías llevó a Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela
en 1999, cuando juró sobre una moribunda constitución. La historia quizá
hubiera cambiado radicalmente si Caldera hubiera rechazado públicamente
este exabrupto. Nadie lo hizo en el momento.
Y Venezuela se puso de rodillas ante el insulto del sátrapa.
Lo
que fue una matanza de venezolanos inocentes, lo que fue un acto de
engaño y cobardía por parte de Hugo Chávez, hoy es un día de
“Fiesta Nacional”, decretado por los miembros de la pandilla que tomó
el poder en 1999. Se glorifica hoy un acto de traición, apoyado por una
Fuerza Armada prostituida y narco traficante. Lo que existe hoy en día
en Venezuela es una narco-dictadura militarizada
y rapaz, la cual desfila para conmemorar la traición, payasos llenos de
medallas de latón y vestidos como para el carnaval de Río.
Como
ciudadano venezolano denuncio esta aberración. Digo que los militares y
los chavistas civiles que apoyan la glorificación de este
golpe absurdo son rastreros y adulantes sin honor. Lo que declaran hoy
Vielma Mora y Ernesto Villegas sobre este golpe indigno y sobre el
sátrapa Chávez da ganas de vomitar y refleja fielmente la baja calaña de
una gente cobarde y melosa, capaz de mentir con
desparpajo para conservar su acceso impune al tesoro público. Oír a
Padrino López hablar sobre Chávez es constatar lo bajo que han caído los
militares venezolanos chavistas.
Vivirán
bien, gordos como Juan Barreto, seguros como Padrino López, llenos de
privilegios como Villegas o de dólares como Vielma Mora,
todos con grosero poder. Los venezolanos dignos los ven como parte de
la antología de nuestra infamia.
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