Gustavo Coronel
A
pesar de que las autoridades estadounidenses dicen que la acusación de
narcotraficante y terrorista hecha a Tareck El Aissami es a título
personal y no es contra el gobierno de Nicolás Maduro, es imposible que
este desdoblamiento pueda darse en la práctica. Recordemos que Néstor
Reverol, ministro del interior, también está indiciado de
narcotraficante por el gobierno estadounidense. Los sobrinos
de los Maduro-Flores, la pareja “presidencial” venezolana, ya están en
la cárcel en USA. Cabello está investigado en USA por ser uno de los
zares del cartel de los Soles. Hugo Carvajal casi fue apresado en Aruba.
La
plana mayor del régimen chavista está acusada por los Estados Unidos de
narcotraficante. Para el gobierno
de los Estados Unidos el régimen chavista es un narco-estado. Ello es
lo que justifica la designación de Venezuela, del régimen de Maduro,
como una amenaza para la región y, específicamente, para los Estados
Unidos.
Hasta
ahora las acciones severas de los Estados Unidos en contra del régimen
chavista no se han concretado
porque el Presidente Obama, combinado con el papa Francisco, habían
decidido sacrificar la democracia venezolana en aras de una relativa
estabilidad política en el Caribe. Pero hoy en día, con un presidente
ideológicamente diferente en la Casa Blanca y con
la alianza entre USA y el Vaticano debilitada por el cambio de actores
políticos en USA, luce inevitable que se concreten acciones más severas
de los Estados Unidos y de la región en contra del régimen chavista.
En
realidad, USA se ha comprometido ya a hacerlo, al designar al
vicepresidente de Venezuela, Tareck
El Aissami, como un narco-forajido. Esta designación obliga a los
Estados Unidos a tomar medidas políticas más severas en contra del
régimen venezolano. Al acusar a todo el tren presidencial venezolano de
narcos, como lo han hecho, no pueden dejarlo ya de
ese tamaño. Esa acusación presiona y le da municiones a la OEA para
que actúe en base a esta definición de forajido sobre el régimen
venezolano y puede hasta abrir las puertas para una intervención
regional en Venezuela.
Esa
palabra intervención pone al sector político venezolano en alerta. Este
es un término tabú, contra
el cual se pronuncia desde la extrema izquierda hasta la extrema
derecha venezolana. El síndrome de Cipriano, aquél basado en “la planta
insolente del extranjero” todavía pesa muchísimo entre muchos políticos
venezolanos, quienes critican las sanciones en
contra del régimen venezolano porque son “los nuestros” y porque dicen
que “esto lo arreglamos nosotros”. Frente a la acusación estadounidense
en contra de El Aissami ya salió un mini-líder de la MUD (Stalin
González) con cara de susto a decir que “hay que
esperar las investigaciones”. La oposición ha tenido años para
investigar a El Aissami y ha guardado silencio. Lo que se conoce sobre
El Aissami ha sido publicado por la prensa internacional y por los
blogueros venezolanos en Internet, esos “guerreros del
teclado” tan criticados por la oposición “moderada”.
Intervenir,
como cuando una familia interviene a uno de sus miembros que se ha
convertido en droga adicto,
es un proceso perfectamente lógico y dirigido a salvar al droga adicto,
no a perjudicarlo. En el caso específico de Venezuela esta intervención
por parte de miembros de la familia (los países de la región) está hoy
bastante más cerca de llevarse a cabo, ya
que el país ha carecido, hasta ahora, de la capacidad de
auto-enderezarse. Parece haberse ido acostumbrando a su condición de
minusválido y requiere, por lo tanto, de un impulso externo para
ayudarlo a salir de su laberinto.
Esta
intervención debería haber sido hecha, hace tiempo ya, por las
instituciones que existen para salvaguardar
la constitución y el estado de derecho en Venezuela: el Tribunal
Supremo, el Consejo Electoral, la Fuerza Armada, el Poder Moral, pero
todas estas instituciones están hoy prostituidas y en manos de
pandilleros indignos. Por ello es que se impone una intervención
desde afuera.
Y no olvidemos que los criminales que salen deben ser enjuiciados. Nada de borrón y cuenta nueva.
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