Wednesday, February 8, 2017

Tillerson

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Adolfo Thaylardat
En una oportunidad, durante la campaña electoral, el multimillonario Donald Trump dijo que podría tener interés en “comprar” Venezuela. Según él, “sería bonito tener un país tropical” como Venezuela. Cuando le preguntaron por qué Venezuela y no otro país, respondió: “Porque es más barato y estoy seguro de que puedo conseguir un buen descuento”. Dijo también que mandaría a los venezolanos a vivir en la isla La Orchila, pero tendrían que pagar una renta.
Lo anterior lo publicó Kronos Time citando la revista Forbes. Si eso es verdad, seguramente fue dicho en plan “jocoso”, expresión utilizada por el doblemente ilegítimo para zafarse de su ofrecimiento de poner en libertad a Leopoldo López si en Estados Unidos ponían en libertad al líder puertorriqueño Oscar López Rivera.
Lo que sí es cierto es que durante su campaña Trump dijo que, si no ganaba las elecciones, Estados Unidos se convertiría en una segunda Venezuela por “el mal manejo gubernamental y la política corrupta.
Todo lo anterior denota la opinión que sobre Venezuela prevalece en los medios internacionales.
Pasando ahora al tema del título de este artículo, yo creo que el nombramiento de Rex Tillerson como secretario de Estado (canciller) en el gabinete de Trump puede tener un impacto sobre la actitud Estados Unidos hacia nuestro país. Veamos algunos antecedentes:
Antes de ser nombrado secretario de Estado, Tillerson se desempeñó durante diez años como director ejecutivo de la Exxon Mobil, una de las empresas petroleras que operaban en Venezuela hasta que en el año 2007 el dictador predecesor del actual emitió un decreto de nacionalización que obligaba a la formación de empresas mixtas en las cuales el gobierno controlaría 51%. La Exxon no aceptó esa medida y fue expropiada. Esto condujo a que demandara a Venezuela y exigiera el pago de 10.000 millones de dólares como indemnización. La Corte de Arbitraje falló reconociéndole a Exxon solamente 1.600 millones. La empresa decidió retirarse de Venezuela antes que aceptar un trato vejatorio.
No se sabe en qué medida esos hechos pueden influir en la actitud de Tillerson hacia Venezuela ahora como secretario de Estado.
Pero hay más. Exxon ha estado realizando prospecciones petroleras en Guyana y supuestamente ubicó un yacimiento de crudo de gran calidad a 200 kilómetros de la costa de ese país, sitio que presuntamente se encuentra dentro de la zona que Venezuela reivindica como territorio en reclamación. El doblemente ilegítimo consideró que ese hallazgo no había sido casual, sino que es una provocación deliberada de Guyana contra Venezuela. “Hay una campaña brutal contra Venezuela instigada por Exxon Mobil”, dijo el doblemente ilegítimo en una aparición en televisión en julio de 2015. “Exxon Mobil ha financiado campañas de televisión, radio y prensa en Guyana”.
El 12 de enero, cuando Tillerson ya no estaba al frente de la Exxon, la empresa anunció que había encontrado otro yacimiento de petróleo de gran calidad en un sitio también ubicado dentro de lo que Venezuela considera zona en reclamación.
Durante su comparecencia ante el Congreso para su confirmación como secretario de Estado, refiriéndose a Venezuela, Tillerson dijo en una respuesta escrita lo siguiente: “Somos todos conscientes del desastre que ha sucedido en Venezuela, producto sobre todo de un gobierno incompetente y disfuncional, primero con Hugo Chávez y ahora con el sucesor al que designó, Nicolás Maduro”. El texto fue publicado por la web Latin America Goes Global.
En una entrevista con ese mismo medio, Tillerson dijo que buscará “junto con otros actores internacionales” una transición hacia la democracia en Venezuela con el apoyo de Brasil y Colombia. “También cooperaremos con organismos multilaterales, como la Organización de Estados Americanos (OEA), para buscar una transición negociada a la democracia en Venezuela. (...) Al final, se reconstruirán las instituciones políticas, encabezadas por valientes defensores de la democracia y de los derechos humanos, que allanarán el camino para el tipo de reformas necesarias para poner a Venezuela en el camino de la recuperación económica”, apuntó Tillerson, y agregó que Estados Unidos continuará “respaldando un legítimo diálogo que resuelva la crisis política entre el gobierno de Maduro y la oposición, la cual ahora controla la Asamblea Nacional. (...) Debemos continuar denunciando las prácticas antidemocráticas de Maduro. Debemos pedir que se liberen los presos políticos y reforzar las sanciones a los violadores de derechos humanos en Venezuela y a los narcotraficantes”. Dijo también que Estados Unidos debe prestar ayuda humanitaria, junto con la región, a Venezuela: “Se deben defender los derechos humanos y reforzar las instituciones democráticas en el país que es dominado por una dictadura”.
También dijo: “Se van a cumplir las sanciones impuestas por el Congreso, vamos a continuar apoyando los esfuerzos del secretario general de la OEA, Almagro, en la búsqueda de la invocación de la Carta Democrática Interamericana para promover la normalización de la situación en Venezuela y el restablecimiento de las situaciones democráticas”, y se refirió a las “prácticas antidemocráticas” de Maduro y a la necesidad de una “transición negociada al orden democrático”.
Sobre esas declaraciones del nuevo secretario de Estado me limito a reaccionar diciendo: si así llueve mejor es que no escampe. Esperemos que esas palabras no caigan en un barril sin fondo.
Antes de cerrar este artículo quiero celebrar las decisiones tomadas por la CAF y el gobierno Chino, anunciadas por el presidente de la AN, Julio Borges, según la cuales no prestarán más dinero a Venezuela hasta que el régimen reconozca a la Asamblea Nacional. Ojalá otros acreedores asuman la misma actitud.

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