La exejecutiva de Silicon Valley
da un golpe de autoridad en la campaña republicana con una buena presencia en
televisión y un discurso que pasa a todos sus rivales por la derecha
Suena
música épica. Sobre la foto en blanco y negro de una niña pequeña con un osito,
una voz de tráiler de película dice: “Había una vez una humilde niñita de Texas
que se convirtió en la mujer más poderosa en de una de las empresas más grandes
del mundo. Y entonces, quiso ser presidenta de Estados Unidos”. La niña de la
foto es Carly Fiorina y así es como se presenta a sí misma en un documental de
campaña de 50 minutos de duración titulado Citizen Carly. En
él cuenta la historia de su vida bajo la premisa argumental “de secretaria a
CEO”, el sueño americano en carne y hueso.
Carly
Fiorina (Austin, 61 años), se lanzó el pasado mes de mayo a la carrera por la
nominación republicana como candidata a laPresidencia de Estados Unidos. Es la única mujer en una
competición de 15 candidatos y una de las pocas que lo han intentado a lo largo
de los años. En el primer debate republicano, en agosto, no pasó el corte para
estar en el grupo de prime time y tuvo que participar en el
debate semiclandestino de los peor clasificados en las encuestas. En el segundo
debate, fue un fenómeno. En dos meses ha pasado de un
1% de apoyo a un 10%. En estos momentos,tres amateurs de
la política lideran las encuestas: el millonario Donald Trump,
el neurocirujano Ben Carson y la exejecutiva.
Fiorina
es hija de una artista y un profesor de Derecho que llegó a juez federal. El
trabajo de su padre la llevó a vivir de pequeña en Nueva York, Connecticut,
California, Londres y Ghana, en el África occidental, donde llegó de
adolescente y es una experiencia que destaca especialmente en su campaña.
Recaló en la universidad de Stanford (California), cuando era el hervidero en
el que se coció el principio de lo que hoy es Silicon Valley en San José. Allí
estudió Historia medieval. Trabajó como secretaria en una inmobiliaria de nueve
empleados, dice en el mencionado vídeo. En 1980, hizo un MBA en la Universidad
de Maryland y entró a trabajar en el gigante de las comunicaciones AT&T
como vendedora.
A partir
de ahí, comienza una de las carreras más brillantes de una mujer en el mundo de
los negocios en EE UU, si no la más. Una trayectoria que es su principal y
único currículum para pedir el voto. Del relato que se haga de ella, dependen
todas sus posibilidades en la campaña. En pocos pasos: a los 35 años, llegó a
ser la primera directiva de AT&T; a los 40 dirigía la firma en Estados
Unidos; en 1998 lideró la partición de Lucent Technologies de la operadora y se
convirtió en su presidenta; en 1999, es fichada como presidenta ejecutiva (CEO)
de Hewlett-Packard (150.000 empleados) y se convirtió en la mujer más
poderosa de Silicon Valley. Durante los seis años siguientes, encabezó la
clasificación de la revista Fortune de las mujeres más
poderosas del mundo de los negocios en EE UU.
La piedra
de toque de la campaña de Fiorina es su gestión en HP. Sobre ella descansa el
peso de su currículum. Si no se cuenta como ella quiere, el edificio de su
imagen se puede venir abajo. En una compañía que se estaba quedando atrás en
innovación, Fiorina lanzó una fusión con el fabricante de ordenadores Compaq.
La operación de 19.000 millones de dólares se encontró con duras resistencias de
los fundadores de la empresa, que la calificaron
públicamente de “desastrosa”. La brutal
batalla en el Consejo por la fusión dejó tocada la autoridad de
Fiorina. En febrero de 2005, fue despedida por sorpresa. La empresa duplicó su
tamaño al tiempo que se deshizo de 30.0000 trabajadores. Si intenta competir
con Trump como “creadora de empleo” lo tiene difícil. Aún hoy HP sigue con problemas
que algunos siguen achacando a la agresiva expansión liderada por Fiorina.
Ella, por
su parte, asegura que
aquella fue una lucha entre su liderazgo innovador y la gestión rancia de los
fundadores del gigante tecnológico. Sobre los problemas económicos de HP,
explica que ella entró en la empresa en la cresta del auge tecnológico y se fue
cuando empezaba la crisis. Siempre que puede, saca a colación a Steve Jobs.
Dice que eran amigos y que fue el primero en llamarla cuando la despidieron.
“He pasado por eso dos veces”, asegura que le dijo. En su vídeo, incluye un
corte de Jobs diciendo: “Esa es la diferencia entre la gente que hace cosas y
las que las sueña”.
Nada más
empezar a sacar la cabeza en la carrera republicana, Fiorina recibió su primer
comentario machista. Donald Trump dijoen una entrevista a Rolling
Stone: “Mira esa cara. ¿Quién puede votar por eso?”. Da una idea de lo
que habrá tenido que escuchar durante tres décadas en el mundo de los negocios.
En el debate que la ha dado a conocer al mundo, Fiorina le contestó con una
calma condescendiente que dejó a Trump en
ridículo. Incluso, por primera vez en esa campaña, Trump retiró su
comentario.
Fiorina
ni siquiera tenía que estar ahí. Su campaña le torció el brazo a CNN para que
admitiera a 11 candidatos en el escenario porque consideraba injusto el
criterio de selección. Ante los titubeos y medias tintas de los
candidatos, Fiorina se ganó al público conservador con
discursos duros y precisos, y los pasó por la derecha a todos en temas como el
aborto o la política exterior. “Yo reconstruiría la Sexta Flota inmediatamente.
Empezaría a reconstruir el programa de misiles en Polonia. Realizaría agresivas
maniobras militares en el Báltico y probablemente mandaría más tropas a
Alemania. Vladímir Putin pillaría el mensaje”. Al día siguiente, The
New York Times publicó un editorial en el que decía: “Nosotros sí que
pillamos el mensaje. Y da miedo”.
Fiorina
ganó a casi todos los demás candidatos en oratoria y rapidez. En la sala de
análisis del debate, el experto David Axelrod confesaba a EL PAÍS que Fiorina había
sido la sensación. Axelrod es un gurú de la política norteamericana y fue uno
de los autores de la sorpresiva campaña de Barack Obama en 2008.
Antes de
que EE UU y el mundo vieran a Fiorina en un debate, la había visto California.
Tras introducirse en los círculos republicanos como asesora de la Casa Blanca,
intentó en 2010 hacerse con el escaño de senadora por California de Barbara
Boxer, en el puesto desde 1992. Fracasó estrepitosamente. Boxer aplastó su
currículum con el mensaje de que volaba en aviones privados y compraba yates
mientras despedía a decenas de miles de trabajadores. La prueba del currículum
de Fiorina en HP ya se vivió en California, y no triunfó la narrativa que ella
quería. El mes pasado, Boxer aún dijo de ella que era una persona “malvada”.
“La gente de California no quiso que hiciera al país lo que hizo con HP”,
añadió Boxer. “Es el rostro de la desigualdad y el rostro de la avaricia
corporativa, hace que Mitt Romney parezca demócrata”. Boxer ha ganado 11
elecciones. “He competido con demócratas, republicanos, hombres, mujeres y
gente de todas las edades. Ella es, de largo, el contrincante más malvado que
he tenido”.
La cara que despreció Donald
Trump es la nueva cara de moda de la campaña electoral de 2016. Los votantes
decidirán si es el rostro de una “niñita de Texas” que logró el sueño
americano, como ella se presenta, o el rostro del fracaso y la avaricia
corporativa. Por el momento, las encuestas dicen que es el rostro de la
ambición, con todas las connotaciones positivas que esa palabra tiene en el
imaginario norteamericano.
Vía El País. España
Que pasa Margarita
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