El ‘establishment’ ve peligrar su
dominio en el Congreso de EE UU y en la campaña para las presidenciales de 2016
El Partido
Republicano llega transformado al final de la presidencia
de Barack Obama. Es un partido más derechista e imprevisible. La fracción
radical, que ha bloqueado las iniciativas del presidente demócrata, se vuelve
contra los jefes del partido. Las dificultades para encontrar a un speaker —el
presidente de la Cámara de Representantes— reflejan las divisiones. En la
campaña para suceder a Obama en las presidenciales de 2016, los aspirantes sin
experiencia política y contrarios al establishment encabezan los sondeos del
campo republicanos.
En su principal
bastión de poder, el Congreso, el Partido Republicano carece de líder. El 25 de
septiembre, John Boehneranunció que abandonaba el cargo
de presidente de la Cámara de Representantes, el segundo, tras el
vicepresidente, en la línea de sucesión del presidente de EE UU. Boehner se
declaró harto de los “falsos profetas” de la derecha del grupo parlamentario.
Quien
debía sustituir a Boehner era Kevin McCarthy, el líder de la mayoría en la
Cámara de Representantes. El jueves, por sorpresa, McCarthy anunció que
renunciaba al cargo. Tampoco se veía con fuerzas de domesticar a la cuarentena
de congresistas más conservadores.
Al
historiador Geoffey Kabaservice, autor de Rule and ruin (Lidera y arruina), un
ensayo sobre el declive de los republicanos moderados, los rebeldes le
recuerdan a Barry Goldwater, el senador por Arizona que fue
el candidato republicano a las elecciones presidenciales de 1964.
Las promesas
frustradas de la derecha
Hace unos años, tres miembros de la Cámara de Representantes escribieron
un manifiesto. Se hacían llamar los young guns. Literamente, las pistolas
jóvenes: las promesas del partido.
Uno era Eric Cantor, que perdió en 2014 en su feudo de Virginia ante un
candidato afín al Tea Party. El segundo era el californiano Kevin McCarthy,
favorito para el cargo de speaker o presidente de la Cámara, hasta que hace
unos días renunció. El tercero era Paul Ryan, de Wisconsin, cabeza pensante de
la nueva derecha, y candidato frustrado a la vicepresidencia de EE UU en 2012.
Tras la renuncia de McCarthy, aumenta la presión para que el speaker sea Ryan.
En el proceso para la nominación
a las presidenciales de 2016, el plantel republicano cuenta con talentos
acreditados, desde el veterano Jeb Bush a la promesa latina, el senador Marco
Rubio. También ellos afrontan el hartazgo para con los políticos tradicionales
que agita el Capitolio y la campaña para la Casa Blanca.
“El
extremismo en la defensa de la libertad no es ningún vicio”, decía Goldwater.
“Y déjenme recordarles”, añadía, “que la moderación en la persecución de la
justicia no es ninguna virtud”. La libertad y la justicia consistían en una
oposición rotunda a la expansión de los poderes del Estado federal, y en una
defensa a ultranza del libre mercado. El radicalismo de Goldwater se volvió
contra los republicanos. Permitió a su rival, el demócrata Lyndon B. Johnson,
lograr una de las victorias más amplias en unas presidenciales. Con el Congreso
a favor, Johnson pudo aprobar leyes progresistas como la sanidad gratuita para
los más pobres y los mayores de 65 años.
La
revuelta actual tiene sus orígenes más próximos en el Tea Party, el movimiento populista que,
tras la elección de Obama en 2008, resucitó al decaído Partido Republicano con
una oposición virulenta al Obamacare —el nombre coloquial por el que se conoce
la reforma sanitaria de 2010— y al intervencionismo económico de la
Administración Obama. El origen más inmediato, según Kabaservice, son las legislativas
de 2014, en las que el Partido Republicano se hizo con el control del Senado y
la Cámara de Representantes.
“Hay un
segmento de la base republicana que está muy enfadado”, dice Kabaservice.
“Creían que las elecciones de 2014 representaban el repudio de Obama y que,
como los republicanos tenían el control del Congreso, repudiarían el Obamacare
y otras innovaciones de Obama. Simplemente no entienden por qué sucede esto. Y
han concluido que han sido traicionados por los líderes del Congreso y por los rinos,
que es el término que usan para referirse a cualquiera que tenga interés en
gobernar”.
Focos de la rebelión
Rino es el acrónimo inglés de
“republicanos sólo de nombre”. El enemigo no es sólo Obama sino Boehner y sus
aliados en el establishment. Los rebeldes se encuadran en foros como el Freedom
Caucus, o Grupo de la Libertad, hostil a cualquier concesión a los demócratas y
a las élites de su partido. Son una minoría sin voluntad para construir
consensos, pero capaz de forzar medidas extremas, como el cierre de la
Administración federal por falta de presupuesto o la suspensión de pagos si el
Congreso impide elevar el techo legal de endeudamiento.
La
campaña para la nominación del Partido Republicano a las presidenciales de
noviembre de 2016 es un mundo distinto al del Capitolio, pero las fracturas son
similares. Faltan tres meses y medio para que arranque el proceso de primarias
y caucus (asambleas electivas) que decidirán al nominado, pero
hoy el magnate Donald Trump, el neurocirujano Ben Carson y la exdirectiva de
Hewlett-Packard Carly Fiorina son los favoritos. Los
tres, con un mensaje antipolítico.
Que uno
de los tres sea el nominado no es seguro. Y es probable que, pese a las
turbulencias, el Partido Republicano siga manteniendo el control del Congreso.
Aunque así sea, queda la polarización, la crispación, la parálisis. También
este es el legado de los años de Obama.
Vía El País. España
Que pasa Margarita
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