9 DE OCTUBRE 2016 - 12:01 AM
El impactante triunfo del No tiene todavía sorprendidos a Juan Manuel Santos, al propio Álvaro Uribe, a las FARC, a los Castro, a Nicolás Maduro, a los colombianos, a los venezolanos y a todos los gobiernos del mundo. El presidente Santos, a nombre de su gobierno, y Rodrigo Londoño, en representación de las FARC, o por lo menos de algunos de los grupos, que todavía parecen controlar, jugaron fuertemente en la negociación. Estaban convencidos de que el deseo de paz de los colombianos conduciría a una amplia votación por el Sí, aun a costa de la inaceptable impunidad que planteaba el acuerdo bilateral Santos-FARC. Sorprendentemente ganó el No, con 50,21% contra 49,78% del Sí, un verdadero empate técnico. Sin embargo, hay que destacar el ventajismo del gobierno colombiano y su fuerte campaña a favor del Sí, inclusive violando la Constitución nacional y leyes de la República. Pienso que uno de los grandes errores de Juan Manuel Santos fue la firma del acuerdo en ese show mediático en Cartagena de Indias, en un intento por influir a la opinión pública nacional e internacional. Eso, estoy seguro, provocó el rechazo de amplios sectores de la clase media colombiana y no logró cautivar a los sectores populares, que se expresaron a través de la abstención, la cual fue de 62,57%.
Las actitudes de los líderes fundamentales del plebiscito, Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño por el Sí, Álvaro Uribe y Andrés Pastrana por el No, fueron prudentes. Inmediatamente después de conocerse los resultados el presidente Santos expresó que reconocía el triunfo del No, que enviaría a los jefes negociadores nuevamente a La Habana a dialogar con los jefes guerrilleros y convocó a los líderes fundamentales del No a una reunión. “(Decidiremos) entre todos cuál es el camino que debemos tomar para que la paz, esa paz que todos queremos, sea posible y salga todavía más fortalecida de esa situación”. Rodrigo Londoño mantuvo que el alto el fuego continuaría y que las FARC seguirían buscando una solución negociada a las hostilidades. Álvaro Uribe expresó: “Todos queremos la paz. Nadie quiere la violencia. Hay que darles protección a los líderes de la FARC, pero deben cesar todos los delitos, incluidos el narcotráfico y la extorsión”. Esa forma serena y discreta de recibir el triunfo y reconocer la derrota, por todos los factores del proceso de paz, indican que las posibilidades de lograr una verdadera paz negociada realmente comienzan.
La primera decisión del presidente Santos debería ser aceptar que se constituya una comisión equilibrada o posiblemente con mayoría del No para empezarlas. Creo que la decisión del gobierno colombiano de ratificar al negociador Humberto de la Calle fue acertada. Él conoce a fondo lo ocurrido y la personalidad de los líderes de las FARC. Los negociadores representantes de la oposición tienen que ser escogidos, con gran acierto, por los ex presidentes Uribe y Pastrana. Deben ser juristas de prestigio y bien formados, pero deben tener un gran sentido político. De la habilidad que ellos tengan, se puede lograr un solo frente entre gobierno y oposición para negociar con las FARC. También necesitarán una gran capacidad de diálogo que les permita romper el natural rechazo de las FARC hacia el presidente Uribe. ¿Existe la posibilidad de firmar un nuevo acuerdo? Creo firmemente que sí. Las FARC deberán ceder en algunos aspectos, posiblemente los más importantes, pero también es necesario que los nuevos negociadores comprendan que también deberán ceder en otros.
Esa posibilidad puede surgir de unos acuerdos mucho más equilibrados que los firmados por el gobierno del presidente Santos. La visión de Álvaro Uribe es acertada: “Nos parece fundamental que en nombre de la paz no se creen riesgos a los valores que la hacen posible: la libertad, la justicia institucional, el pluralismo, la confianza en el emprendimiento privado, acompañado de una educación universal, de calidad, como cabeza de la política social”. Esa importante declaración la concluyó con una trascendente frase: “Se requiere un gran pacto nacional”. Posteriormente se reunieron Santos y Uribe, y demostraron ante el mundo que Colombia tiene un camino para lograr la paz. Después de mucho tiempo, se dieron la mano y empezaron un proceso que puede conducir a nuevos y mejores tiempos para Colombia. La negociación entre Uribe y Santos no puede reducirse exclusivamente a los acuerdos de paz. Tienen que analizar y discutir los grandes problemas nacionales e internacionales para de esa manera crear un nuevo sistema político que beneficie a las grandes mayorías. No importa que militen en partidos distintos, pero que defiendan con firmeza un gran proyecto nacional de desarrollo y de justicia social. Deberán tener presente el significado de la abrumadora abstención en el plebiscito, pues indica un creciente descontento popular. A eso hay que encontrarle respuesta.
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