Rubén Monasterios
Un chiste de corrillo del tal “Jaimito” pareciera ser una metáfora del estado actual de Venezuela. Lo cuento, corriendo el riesgo de que el lector lo conozca, porque es viejo; pero eso no importa, porque a donde quiero llegar es a las moralejas.
La maestra impone a los niños la tarea de escribir lo que antes llamábamos una “composición”, es decir, un breve ensayo sobre cualquier tema; el asunto en este caso es la configuración de la República Bolivariana de Venezuela: las entidades que la integran, la función correspondiente a cada una y las relaciones entre ellas. Reconociendo la dificultad del tema y con el loable propósito de involucrar a los padres en el proceso docente, la señorita sugiere a sus alumnos solicitar la ayuda de sus progenitores.
Jaimito, en efecto, consulta a su papá. Luego de pensar un rato, este le dice: “Bueno, hijo, es un poco complicado… pero te lo voy a explicar mediante un ejemplo. Piensa en nuestro hogar e imagínate que es Venezuela. Yo soy el Gobierno, porque soy el que manda; tu mamá es la Ley, porque lo controla todo; la sirvienta es el Pueblo, porque es la única que aquí se rompe el lomo trabajando; la abuela es la Oposición, porque se ocupa de criticarme y de fastidiarme la vida; ¡tú eres la Juventud de hoy y tu hermanito es la Esperanza del mañana!”.
A Jaimito no le aclara nada esa exposición; queda confundido.
A medianoche Jaimito se levanta a tomar agua y ve a su papá acostado con la sirvienta; alarmado, corre a decírselo a su mamá, pero la encuentra rendida a causa de haberse fumado un pucho de marihuana que le dio si marido para proceder a su antojo; también le dio a su suegra ─como un ladino gesto de simpatía─, pero la vieja decidió dejarla para más tarde; va con su abuela y ella no le para bola por estar revisando las cuentas de su yerno, a ver si anda gastando los reales en farras con sus amigotes; se retira a su cuarto y encuentra a su hermanito todo cagado.
Sentado en su cama, Jaimito medita y súbitamente le viene la luz: “¡Ahora entiendo cómo funciona la República Bolivariana de Venezuela!: El Gobierno se coge al Pueblo; la Ley está drogada; la Oposición está distraída en pendejadas; la Juventud de hoy está confundida y la Esperanza de mañana está vuelta ****”…
Y las moralejas que se me han ocurrido son: Primera, cogerse a la sirvienta en la propia casa, en las narices de la esposa de uno, y como si fuera poco, drogándola a tal efecto; es una sinverguenzura de mucho mayor calibre que gastar unos centavos en rumbas. En toda circunstancia hay prioridades: debemos concentrarnos en ellas, en lugar de distraernos en gestiones que reconocemos inútiles; y la prioridad que encara la oposición es sacar del poder al chavismo mediante una protesta cívica continuada; posibilidad contemplada en la Constitución ante un gobierno de muy sospechoso origen que ha pedido todo viso de legitimidad.
Es la desobediencia cívica, acción popular de calle, pacífica y legítima, de alcance nacional, persistente hasta lograr el objetivo, reclamada a grito herido por observadores que no se hacen los locos antes ante la trama del gobierno; quienes son calificados de “impacientes, exagerados y radicales” por otros integrantes de la cúpula representativa de la oposición, inexplicablemente interesados en seguir jugando el “juego democrático” con un contrario que maneja las reglas como le viene en gana.
Estamos al borde de que un titiretesco TSJ declare ilegítima a la Asamblea Nacional: el único baluarte y única esperanza en el contexto de la estructura del Estado. ¿Qué va a ocurrir entonces? Ha sido denunciada la intención, claro, pero aún seguimos debatiendo en supuestas condiciones de transparencia y de fair play, normales en una democracia, cuando sabemos que esas condiciones no son verdad; en efecto, la falacia se hace evidente al considerar que el debate político ocurre en medio de maniobras dilatorias (¿debemos recordarles el pensamiento de Lenin sobre el diálogo?), represión de la libertad, de desacato de normas internacionales, en tinieblas y bajo amenazas, sometidos a una estrategia debidamente orquestada de terrorismo de estado.
Los dirigentes de la oposición asumen no darse cuenta de que ya la dieron la patada a la mesa del juego; que el revocatorio “no va”, como lo han dicho claramente tanto observadores políticos críticos al régimen, como voceros del gobierno.
¿Qué impide al liderazgo opositor convocar a ese movimiento de masas? Una hipótesis sugiere veladas componendas entre traidores enquistados en su dirigencia y el gobierno. A propósito, digamos al desgaire que en USA corre el rumor, fundamentado las numerosas evidencias de amistad entre ambas familias, de que Trump es un cómplice secreto de Clinton; la inconcebible retahíla de brutalidades en la campaña del republicano respondería a un pacto destinado a sobresaltar a los electores, haciéndolos inclinar hacia su contrincante; desde luego, una vez la dama en la Presidencia el otro pasaría su factura. Quizá sea una humorada grotesca; o un infundio difundido por el mismo Trump con el fin de desacreditar a Hillary. Realmente, tratándose del quehacer político puede esperarse cualquier cosa.
Otro impedimento es el miedo. La solución de una protesta cívica sostenida podría traer consecuencias devastadoras y trágicas para la sociedad venezolana. ¿Podrían ser mucho peores que las que ya estamos viviendo? En Venezuela cada día fallecen niños debido a inanición y a la falta de recursos en los hospitales; mueren adultos por las mismas causas y como efecto de la delincuencia consentida, uno de los componentes del terrorismo de estado. Lo sabemos, pero hay que decirlo una y otra vez: salvo los de la nomenklatura oficialista y sus allegados, todo el mundo pasa hambre y necesidades de toda índole, idénticas a las de un pueblo en situación de guerra.
Se ha mencionado la posibilidad de una guerra civil entre la dictadura empeñada en seguir y el pueblo luchando por su libertad. Es poco probable, porque los venezolanos no estamos preparados para defendernos; medio siglo de democracia moderó nuestros arrestos belicistas y tampoco estamos armados; en lugar de guerra civil tal vez sería una masacre debida a la acción de las fuerzas represivas del régimen chavista, militares y paramilitares, estas sí, bien armadas y entrenadas. A la última idea se opone otra conjetura aportada por personas bien informadas de cuando ocurre en los traspatios cuartelarios; según este punto de vista, en la base del estamento militar se deja sentir la disposición de no usar las armas contra el pueblo en caso de una protesta radical masiva. Al fin y al cabo, la base aludida pasa por las mismas precariedades que el resto de la ciudadanía; además, existen circunstancias en las que razones morales y legales justifican el desacato de mandatos superiores por un subalterno militar; y esas están dadas en nuestro ambiente.
Desde luego, hay tomar en cuenta otro componente principal de la acción de terrorismo de estado: los colectivos y otras organizaciones delictivas afines al gobierno, ajenas a toda ley y principio moral. Incluyéndolas en el cuadro podría darse el escenario de brotes de confrontación entre tales bandas y las fuerzas militares ahora fusionadas con la ciudadanía; y digo “brotes” porque con muy alta probabilidad las bandas no soportarían por mucho tiempo el conflicto con fuerzas militares dirigidas por oficiales que decidieron rescatar su dignidad; los delincuentes son amorales, su ideología es errática, difusa; actúan con alevosía. Hoy son capaces de someter vergonzosamente comisiones de la policía, tal como ocurrió hace poco en 23 de Enero, porque cuentan con la anuencia del poder; otra cosa es encarar a un pelotón de infantería bajo el mando de un sargento con los cojones bien puestos, concientizado con la desesperación del pueblo del que forma parte.
Segunda moraleja, la sirvienta no debe ser complaciente con el pater familae; al proceder de ese modo al señor al mando de la casa no le quedará otro remedio que acostarse solamente con su legítima mujer ─personificación de la Ley─ al menos en su hogar. Eso sí, solamente ad bestiam modus, o en “posición del perrito”, evitando la “posición del misionero”, o sea, estando el hombre sobre la mujer.
Insisto en esto, porque estando la Ley debajo del Gobierno, sea este socialista, capitalista o de cualquier otra índole, el resultado será el mismo: todos estaremos, tanto como ahora, bien jodidos.
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