Monday, February 6, 2017

Paul Krugman: Donald, el incapaz

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Paul Krugman
El País
Enero 20, 2017
http://www.nytimes.com/es/2017/01/20/donald-elincapaz/?
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Betsy DeVos, a quien Donald Trump nombró secretaria de Educación,
no conoce términos básicos de educación, ignora los estatutos federales
que regulan la educación especial, pero piensa que en las escuelas
debería haber armas para defender al alumnado de los osos grizzli.
Monica Crowley, seleccionada como asesora del Consejo de Seguridad
Nacional, se retiró después de que se dio a conocer que plagió buena
parte de sus publicaciones. Hay aún muchos nombramientos
pendientes en el área de seguridad nacional y no hay claridad sobre qué
tanto se ha leído, de haberlo hecho, de los materiales informativos
elaborados por la administración saliente.
Por su parte, Rex Tillerson, seleccionado como secretario de Estado,
declaró informalmente que Estados Unidos bloqueará el acceso de
China a las bases en el mar del sur de este país, aparentemente sin
darse cuenta de que con ello estaba amenazando con iniciar una guerra
si China lo retaba a cumplir su dicho.
¿Acaso vemos un patrón aquí?
Era evidente para cualquiera que estuviera poniendo atención que la
corrupción del gobierno entrante sería descarada. Sin embargo, ¿sería
al menos eficiente en su corrupción?
Muchos de los que votaron por Trump sin duda creyeron que estaban
eligiendo a un empresario inteligente que haría que las cosas se
hicieran. Incluso aquellos que tenían una mejor idea de quién es
podrían haber esperado que el presidente electo, una vez satisfecho su
ego, sentaría cabeza para dirigir al país, o al menos para dejar la
aburrida tarea de gobernar Estados Unidos en manos de personas que
realmente tuvieran capacidad de hacerlo.
Eso no es lo que ha sucedido. Trump no ha dado un giro ni madurado,
o como prefieran llamarle. Sigue siendo el ególatra inseguro con déficit
de atención que siempre ha sido. Peor, se está rodeando de gente que
comparte muchos de sus defectos, tal vez porque son el tipo de gente
con la que se siente cómodo.
Así que las personas que comúnmente designa, ya se trate de un puesto
relacionado con la economía, la diplomacia o la seguridad nacional, son
puestas en entredicho por su ética, su falta de conocimiento del área de
la política que se supone deben administrar y su falta de interés.
Algunos, como Michael Flynn, seleccionado por Trump para
convertirse en consejero de seguridad nacional, incluso son tan adictos
como su jefe a las teorías cibernéticas de conspiración. Este no es un
equipo que compensará la debilidad del comandante en jefe; por el
contrario, es un equipo que la amplificará.
¿Por qué nos debería importar? Para darnos una idea de cómo podría
funcionar (o no) la administración de Trump y Putin, resulta útil
recordar lo que ocurrió durante los años de Bush y Cheney.
Las personas tienden a olvidar hasta qué punto el último gobierno
republicano se caracterizó por su nepotismo, el nombramiento de gente
incapaz pero bien conectada en posiciones clave. No fue tan extremo
como lo que vemos hoy, pero fue sorprendente en esa época.
¿Recuerdan aquello de “Muy buen trabajo, Brownie”? En verdad causó
un enorme daño.
En específico, si quieren darse una idea de cómo será el gobierno de
Trump, tengan en cuenta el adefesio de la invasión de Irak. Todos
aquellos que sí sabían cómo construir una nación no fueron
bienvenidos; su lugar fue ocupado por los leales al partido y los
especuladores corporativos. Incluso hay un vínculo poco conocido: el
hermano de Betsy DeVos, Erik Prince, fundó Blackwater, la pandilla de
mercenarios que, entre otras cosas, ayudó a desestabilizar a Irak al
disparar contra una multitud de civiles.
Ahora las condiciones que prevalecieron en Irak —la ideología ciega, el
desprecio por la experiencia, la total inobservancia de las normas
éticas— han llegado a Estados Unidos, pero de una forma mucho más
pronunciada.
¿Qué pasará cuando enfrentemos una crisis? Recordemos: Katrina fue
el acontecimiento que acabó por revelarnos a todos el costo del
nepotismo de la era de Bush.
Todo presidente enfrenta algún tipo de crisis. Es probable que surjan,
especialmente teniendo en cuenta al equipo entrante y sus aliados en el
congreso: dadas las prioridades que la gente que está a punto de asumir
esos puestos ha declarado tener, es muy probable que veamos el
colapso de la seguridad social, una guerra de comercio y un
distanciamiento con China tan solo en el año siguiente.
Incluso si de algún modo esquivamos esos peligros, siempre pasan
cosas. Tal vez habrá una nueva crisis económica, alimentada por la
prisa de echar por tierra la normatividad financiera. Quizá haya una
crisis diplomática provocada, digamos, por la temeridad política en el
Báltico del buen amigo de Trump, Vladimir. Quizá sea algo que no nos
imaginamos. ¿Y después qué?
Las crisis reales necesitan soluciones reales. No se pueden resolver con
un tuit genial ni por tener amigos en el FBI ni con las historias
sembradas en los medios por el Kremlin que ponen nuestros problemas
en un segundo plano. Lo que la situación exige es gente sensata y
conocedora en posiciones de autoridad.
Pero hasta donde sabemos, casi nadie que se apegue a esa descripción
formará parte de la nueva administración, con excepción,
probablemente, del designado a la Secretaría de Defensa, cuyo apodo
resulta ser Mad Dog (el Perro Loco).
Así que con esto nos quedamos: una administración sin precedentes
por su corrupción, pero también con una ineptitud absoluta para
gobernar. Déjenme decirles, va a ser fantástico… como diría Trump.

Paul Krugman (Albany, 1953). Economista (Universidad
Yale, 1974), Ph.D. en Economía ( Massachusetts Institute of
Technology [MIT] 1977). Fue profesor de Yale, MIT, London School of
Economics y Stanford, antes de pertenecer al claustro de la Universidad de
Princeton, desde el 2000 en las cátedras de Economía y Asuntos Internacionales
en la Universidad de Princeton. Desde 2000 escribe una columna en el periódico
New York Times que semanalmente reproduce El País. Ha escrito más de 200
artículos y 21 libros -alguno de ellos académicos, y otros de divulgación-. Su
Economía Internacional: La teoría y política es un libro de texto estándar en la
economía internacional. En 1991 la American Economic Association le concedió la
medalla John Bates Clark. Ganó el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias
Sociales en el año 2004 y el Premio Nobel de Economía en 2008. De 1982 a 1983,
fue parte del Consejo de Asesores Económicos (Council of Economic Advisers) de la
administración de Reagan. Cuando Bill Clinton alcanzó la presidencia de EE.UU.
en 1992, se esperaba que se le diera un puesto en el gobierno, pero ese puesto se le
otorgó a Laura Tyson. Esta circunstancia le permitió dedicarse al periodismo
para amplias audiencias, primero para Fortune y Slate, más tarde para The
Harvard Business Review, Foreign Policy, The Economist, Harper y Washington
Monthly. Sus críticos cuestionan su papel como miembro del panel de asesores de
Enron durante 1999, antes de los escándalos de la empresa en 2002. Krugman es
probablemente mejor conocido por el público como fuerte crítico de las políticas
económicas y generales de la administración de George W. Bush, que ha
presentado en su columna. Ha sabido entender lo mucho que la economía tiene de
política o, lo que es lo mismo, los intereses y las fuerzas que se mueven en el
trasfondo de la disciplina; el mérito de Krugman radica en desenmascarar las
falacias económicas que se esconden tras ciertos intereses. Se ha preocupado por
replantear modelos matemáticos para resolver el problema de dónde ocurre la
actividad económica y por qué.
En 2012 publicó “Acabad ya con esta crisis”, en el cual analiza las causas de la
actual crisis económica, los motivos que conducen al sufrimiento de la población,
sus consecuencias y la forma de salir de ella, recuperando los puestos de trabajo y
los derechos sociales amenazados por los recortes, se explican con una claridad y
sencillez que cualquiera puede, y debería, entender.“Naciones ricas en recursos,
talento y conocimientos –los ingredientes necesarios para alcanzar la prosperidad
y un nivel de vida decente para todos- se encuentran en un estado de intenso
sufrimiento”. ¿Cómo llegamos a esta situación? Y, sobre todo ¿cómo podemos salir
de ella? Krugman plantea estas cuestiones con su habitual lucidez y ofrece la
evidencia de que una pronta recuperación es posible, si los dirigentes tienen “la
claridad intelectual y la voluntad política” de acabar ya con esta crisis.

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