EN: https://www.elnacional.com/2025/12/el-dilema/
Hay quienes sostienen -incluso desde el campo opositor, donde dicen situarse- que lo que busca la estrategia de despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, y todo lo que va asociada a ella, es apoderarse del país. Nuestro liderazgo, elegido en la primaria de octubre de 2023, de acuerdo con este razonamiento, estaría propiciando tal entrega.
Una primera respuesta a tal despropósito es que hay una anticipada preocupación por un asunto que no ha ocurrido -la entrega del país a Donald Trump-, que se equipara con una situación de hecho y de vieja data en la que la cúpula que ejerce el poder de manera ilegítima hace y sobre todo, deshace lo que le venga en gana y con quien le venga en gana en relación al destino de las riquezas del país.
El liderazgo que la oposición venezolana se dio en 2023 ha sido capaz de, primero, realizar la primaria que lo legitimó como liderazgo, que fue reconocido en el ámbito de quienes luchan por el cambio político; y, segundo, ese liderazgo legitimado condujo la campaña electoral, desnudó la pretensión abusiva del régimen de imponer el candidato opositor, ganó abrumadoramente la elección y probó con actas en mano el fraude cometido. Sin embargo, persiste la desconfianza de figuras y grupos que dicen situarse en el campo opositor.
Comparar la situación que vive nuestro país, tras más de un cuarto de siglo de destrucción de su vida social, política y económica, con lo que pudiera sobrevenir en un proceso de transición, no es adecuado y evade colocarse en el lugar de quien tiene que tomar decisiones para cumplir el mandato popular del 28 de julio, que no es otro que el relevo político de quienes se aferran a un poder que no les pertenece y abrir, entonces, la puertas a la vida democrática con todos los riesgos que ello implica. Riesgos que hay que asumir con plena conciencia.
Lo ideal era negociar la entrega del poder entre el 28J del año pasado y el 10 de enero de 2025, cuando fue la concreción del fraude con la asunción de Maduro. El régimen cerró a cal y canto -con muertes, persecución y demasiado dolor- esa posibilidad. De ahí en adelante, la realidad nos confirma que estamos frente a un grupo de gente capaz de poner en riesgo la seguridad de los venezolanos con tal de permanecer en el poder.
El liderazgo opositor, representado en María Corina Machado y Edmundo González, saben lo que enfrentan y a quienes enfrentan. No se llaman a engaño ni sobre el carácter cruel y antipatriótico de quienes mandan apoyados en las armas, ni tampoco sobre la complejidad de relaciones que tienen que tejer para mantener viva y posible la opción del cambio político. La salida sencilla y fácil no existe, salvo que sea aceptar que Maduro siga mandando y conceda algunas migajas, no a lo ciudadanos, sino a quienes medran alrededor de un escenario político sin representar peligro alguno para el régimen.
El país carece de futuro alguno con Maduro y la cúpula que lo rodea en el poder. Luchar por el cambio político es la única opción: con entereza probada, con ideas claras y con la adopción de decisiones complejas y riesgosas.
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