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Saludos,
Liberar a Venezuela a punta de elecciones ya vimos que no era posible. Eso no invalida el camino recorrido: haber insistido por esa vía una y otra vez sirvió para dejar meridianamente claro quién se burla de la soberanía popular y quién, por el contrario, cuenta con un respaldo abrumador.
Sabemos de sobra lo difícil que ha sido liberarnos de la tiranía, tarea en la que por cierto no hemos tirado la toalla. En esta lucha del bien contra el mal, que pudiera prestarse a absolutos, hay sin embargo que hilar fino y con sentido práctico.
Nuestros aliados no necesariamente han de compartir todas nuestras motivaciones. Y eso está bien. De lo que se trata no es de exigir adhesión moral a nuestra causa, sino de saber aprovechar los respaldos y las oportunidades que pudieran abrirnos.
A los chavistas desencantados no les podemos pedir que escriban panegíricos en favor de María Corina o Edmundo, pero con que dejen de apoyar a Maduro es más que suficiente.
Quienes hoy lucen pasivos o indiferentes, llegado el momento y de manera oportunista, podrán querer forjar alianzas que hoy lucen improbables. Eso escríbanlo.
Y muchos militares a los que el régimen hoy elogia por su “suprema lealtad”, lo que están es esperando en la bajadita al tirano y su pandilla apenas caiga (como quisiéramos que nos ayudaran en esta subidita, pero ni modo).
En fin, el cambio no será como apretar Ctrl + Alt + Supr y listo. Ojalá así fuese, pero no.
El cambio no es fácil, pero mucho menos imposible. Todo lo contrario. No solo es posible, es altamente probable. Solo comparen dónde estamos parados hoy terminando el 2025 con cómo estábamos apenas hace 3 años, en diciembre del 2022 y verán la diferencia entre probable e imposible.
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