Invito a
leer "Latinoamérica y el asedio revolucionario", de Carlos Raúl
Hernández, quien proporciona premisas históricas del cambio programático y el
clima de ideas necesario para integrar a nuestras complejidades las ideas
predominantes en Latinoamérica, con éxitos rutilantes como los de Perú y
Colombia y fracasos agobiantes como el de Venezuela.
En su
encuesta de septiembre, Hercon ratifica amargas realidades que sugieren la
fortaleza del voto castigo y la trepidante voluntad de cambio. Sigue creciendo
la franja de los interesados en votar, la cifra llega a 85,8%.
El 62.3% votará por la MUD y
30.3% por el gobierno. La diferencia entre una y otro se sitúa en ¡32%! demasiado
amplia para ser revertida, sobre todo porque la causa inductiva, la demoledora
crisis del país, está más viva que nunca.
Las reacciones oficialistas son
patéticas. El rostro pétreo, sudoroso de Maduro anunciando las elecciones más
difíciles de su vida, hace juego con las piedras fritas de Rangel, las sabrosas
colas de Jackeline, el "voto mata encuesta" de la lamentable Tibisay,
y tú, Vielma Mora, dale con la aburrida lata de la IV.
La tendencia favorece a la
oposición pero la adivinanza es enemiga de la política y por lo tanto las
certezas queden para el 6D. Algunos inconformes, proclives a molestarse
cuando las cosas van bien, sospechan de los avances y conjeturan secretas
componendas. Sin embargo, una de sus exigencias, la del programa, tiene sentido.
Si es posible vencer (o "no
imposible", calmemos a los suspicaces) ¿cuál será el programa de gobierno?
Contra lo que se piensa, hay muchas propuestas prácticamente en todas las áreas
del hacer gubernamental, pero las opciones se mantienen abiertas.
Invito ahora a leer el estupendo
ensayo Latinoamérica y el asedio revolucionario, escrito
por Carlos Raúl Hernández, que proporciona las premisas históricas del cambio
programático y el clima de ideas necesario para integrar a nuestras
complejidades las ideas predominantes en Latinoamérica, con éxitos rutilantes
como los de Perú y Colombia y fracasos agobiantes como el de Venezuela.
El reto es extraerla de la
pestilencia Nuestro subhemisferio ha conspirado contra sí mismo. Primero fue la
hostilidad contra la inversión foránea, las reglas sobre repatriación de
capitales y dividendos, la reserva al Estado de áreas "estratégicas"
y las restricciones normativas al margen de ganancias.
Fue esa la doctrina de la Cepal,
dirigida por Raúl Prebisch. Semejante clima robusteció el estatismo, cuyos
funestos resultados los exhibe hoy nuestro empobrecido país. La revolución
bolivariana ha terminado hundida en el fracaso, la corrupción y la incuria
intelectual.
Entre los años 65 y 70 nació la
Teoría de la Dependencia, que como ilustra Hernández tomó como modelo la
revolución cubana. Por extraña desgracia la nueva audacia fue alentada por
numerosos y solventes intelectuales, que afortunadamente viraron en buen número
hacia los predios de la razón.
Homologar modernidad con sumisión
a EEUU y otras naciones desarrolladas, nos sepultó en el pasado. Enfrentados a
los centros de alta tecnología y de capital hizo extremadamente difícil nuestro
ascenso consistente a los niveles de más alto desarrollo.
Ahora estamos en un gran momento.
Vecinos nuestros, con sentido práctico y la experiencia meditada del desastre,
se prodigan en mecanismos de integración y apertura que brindan un futuro
ejemplar.
La obra de Carlos Raúl examina
otros casos universales exitosos o frustrados. Habla del colapso de las
economías intervenidas y el salto adelante del liberalismo del diminuto
innovador Deng Xiaoping.
Al final el autor proporciona
importantes novedades sobre la concepción de lo social. Resultará
imprescindible para ese programa que se le pide al nuevo liderazgo de nuestro
amado país. Venezuela, castigada como pocas pero destinada a ocupar lugares
cimeros en el mundo.
Vía Tal Cual
Que pasa Margarita
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